A qué dedican el ocio los chinos:
«Comen cangrejos, beben té, saborean agua de los manantiales, cantan arias de ópera, remontan cometas, juegan al tejo, comparan hojas de hierba, hacen cajas de papel, resuelven complicados rompecabezas de alambre, juegan al mahjong, emprenden juegos de azar y empeñan ropas, cuecen ginseng, contemplan riñas de gallos, retozan con sus hijos, riegan flores, plantan hortalizas, injertan frutales, juegan al ajedrez, toman baños, tienen conversaciones, cuidan pajarillos en sus jaulas, duermen siestas, hacen tres comidas en una, intentan la lectura de las líneas de la mano, charlan acerca de espíritus de zorros, van a la ópera, golpean tambores y gongs, tocan la flauta, practican caligrafía, mastican entrañas de palo, salan zanahorias, acarician nueces, hacen volar las águilas, alimentan palomas mensajeras, disputan con sus sastres, realizan peregrinaciones, visitan templos, trepan montañas, miran regatas a remo, se reúnen en las esquinas, hacen peleas de toros, toman afrodisíacos, fuman opio, gritan a los aeroplanos, despotrican contra los japoneses, se extrañan de la gente blanca, critican a sus políticos, efectúan sesiones budistas, consultan adivinas, capturan grillos, comen semillas de melón, juegan por una torta con premio, realizan competencias de linternas, queman raros inciensos, comen fideos, resuelven acertijos literarios, preparan macetas de flores, envían obsequios de cumpleaños, se hacen reverencias.»
Lin Yutang, _Mi patria y mi pueblo_, _El arte de vivir_, 1935