A la hora en que el primer sol enciende las puntas
del romero
la mariposa me confunde:
con el borde anaranjado de sus alas
y su cola blanca y negra
se hace pasar por un pájaro diminuto.
Y hace que me sienta el ser más afortunado con su visita,
a la hora en que el primer sol enciende las flores
azules del romero
y yo me tomo un té.