Llegaron por el este
dibujando su mensaje circular en el aire,
dignos,
silenciosos.
Primero uno, luego otro,
y luego dos más que,
tras dejar su mensaje,
desaparecieron
(dignos,
silenciosos)
por el oeste.
Eran buitres leonados,
me dijiste luego (tú también los viste).
Lugares a los que se regresa insistentemente en sueños,
en los que durante un tiempo irrepetible y limitado
todo
(los asuntos cotidianos, hasta las personas más amadas)
se detuvo
porque la única obligación era perseguir la belleza.
Salvaguardar un lugar en el mundo
(un lugar soñado, tal vez París)
renunciando a viajar a él.
Es lo que pienso los días tristes,
cuando creo que no podría
soportar otra decepción.
Vidas cruzadas las nuestras:
como una trenza
hecha con amor
por una peinadora manca
a la que no podemos culpar de su torpeza.
Vértigo de primavera,
libertad suprema de perfumar mi ánimo.
Luego una boca vendrá
proclamando que no hay azar,
que no hay dolor
que incluso la muerte
es todo.
Dwij (+)
Lo que es
es ahora,
deja que se vayan
el antes y el después;
muérete al pasado
y al futuro, sola,
para volver a nacer.
(+) Nacida dos veces
Colas de gato en la cabeza,
incendias los mapas que escribes
con tus manos delgadas.
Y en la madrugada
dibujas
tu corazón
en
los
muros de la ciudad.
La vida es frágil y hermosa
(e irrepetible: si quieres comer tortilla, sólo tienes que romper los huevos:
hazlo antes de que sea tarde).
Lo que sucede -nos enseñan- es transitorio, efímero;
todo lo que tiene comienzo tendrá un final
(y es perfecto así: sólo duele si intentas hacer que dure).
Lo que haces dará, tarde o temprano, fruto
(tanto lo bueno como, ya sabes, todo lo demás:
intenta no endeudarte
ni con los bancos
ni con nadie).
Así que de lo que se trata -me parece a mí-
es de ver cómo son las cosas en realidad
(renunciar a creer en la solidez de los espejismos
al mismo tiempo
que los disfrutas
o los sufres).
Y mientras tanto
caminamos:
sigo estando a tu lado.
Un muchacho encorbata la ciudad
mientras los adultos duermen
sin sueños.
Tu cuerpo contra el mío y tu risa, que tanto echaba de menos,
recuperados por un par de horas.
Algo perpleja (todo hay que decirlo)
porque la pasión no se acaba,
ni la amistad.
Y la lluvia sobre la claraboya
(todo un tópico).
Oliendo a ti
dormí toda la tarde.
Festivo por la mañana
en la Puerta del Sol:
sueño,
gente,
paraguas.
Colgados de la pared, en una ristra:
un dibujo,
otro (de un amigo),
un par de invitaciones,
una corbata de papel.
Ocho noches durmiendo sin pastillas
con un gato sobre el estómago.
Feliz.
Recorremos con asombro
el largo camino de tierra que serpentea entre los campos
y los árboles.
Con las ventanillas bajadas,
oliendo a primavera,
escuchando
canciones en inglés.
Aquí arriba,
respiro la madrugada bajo la luna.
Croa una rana.
Y en la oscuridad del valle, abajo, cantan los ruiseñores.
Mi vecino limpia las hierbas que crecen pegadas a los muros
en el callejón.
El sol me deslumbra.
Dentro,
la casa está fresca.
¿Se puede saber qué miras, so gaznápiro? A tus años, debería darte vergüenza, pareces un zangolotino. ¿No ves lo vieja que soy?, ¿no ves que ya no queda nada que valga la pena mirar? Mira cómo me cuelgan las carnes de los brazos, mírame las tetas, míralas bien; mira mi vientre fláccido
Calla, calla. Toda la vida engatusándome con tu labia. ¡Quietas esas manos, demonio! “Hombros de reina” Qué hombros de reina ni qué niño muerto. Menudo bochinche me estás armando, botarate. A estas alturas
Venga, apaga la luz y vamos a dormir, mi amor. Ya es muy tarde.
El corazón deja de latir
(a veces hasta el reloj se para)
encogido
de miedo.
Pero más allá de ese abismo
sigue latiendo la vida,
intacta,
con todas sus promesas.
Sólo hay que seguir caminando
un
poco
más.
Que la vida se lleve toda mi felicidad
de ahora
y toda la que he de tener
sin con eso puedo
curar tu dolor.
Es lo único que deseo.
He cortado las rosas ajadas
por la tormenta
y les he dado refugio
en casa.
Cuando dejamos de intentar convencer al otro
de que tenemos la razón
es cuando empezamos a amarle de verdad.
Cuando florecieron los lilos
yo estaba distraída
mirando el saúco.
Recuerda que sabes volar,
que sólo tienes que ponerte de puntillas,
respirar hondo,
tomar impulso con el cuerpo
y desearlo con el corazón.
No es fácil,
ni difícil:
se trata, sencillamente,
de algo que siempre has sabido hacer,
de tu propia naturaleza.
Recuerda que sabes volar:
que sólo tienes que dejar que la memoria
de tu cuerpo y la de tu corazón
se encuentren con tus alas.
Eres mi espejo:
tu miedo,
tu esperanza,
tu necesidad de espacio,
tus dudas,
tu búsqueda,
tu fuerza,
tu anhelo,
tu amor,
tu compromiso,
tu valentía
son los míos.
Tus preguntas son las respuestas
a mis preguntas.
Los rosales se defienden:
tengo los brazos llenos de arañazos
por donde llega hasta mi sangre
toda la pena
de la separación.
Abro la ventana y huele a hierba cortada.
Además de la máquina de segar,
Manolé me ha subido huevos de su granja
y verduras de su huerto.