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Textos: Berna Wang
Fotografías: Francisco Javier Garín Voxel Infográfica
Diseño: Joaquín Bernal Baara Estudio

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lunes 2 de abril de 2007 • 09:30 Enlace permanente

(para B)

Hay que estar preparados, dices,
para lo que va a suceder.

¿Cómo?

Podemos mirar el pronóstico del tiempo
(tal vez incluso el horóscopo),
dedicar los días a preparar paraguas e impermeables,
hacer que reparen las tejas rotas,
pavimentar los caminos de tierra
que tendremos que recorrer.

Podemos imaginar con todas nuestras fuerzas
cómo será cuando llueva (y dejar, mientras tanto,
de disfrutar del sol
que resplandece ahora mismo en la plazuela)
para hacernos una idea (¡una idea!) de cómo será y qué haremos

Pero cuando la lluvia llegue
habrá igualmente
agua, salpicaduras, barro,
y el sol estará cubierto por las nubes;
será así, no una idea, y tal vez ni siquiera se parezca a lo que habíamos imaginado.

¿Qué haremos entonces?

¿Encerrarnos en casa e imaginar cómo será cuando deje de llover
para así dejar de sentir la humedad en el aire?
¿Mirar el pronóstico del tiempo,
el horóscopo, para saber cuándo va a salir el sol de nuevo?
¿Imaginar cómo es un día de sol resplandeciente y qué haremos entonces?




martes 3 de abril de 2007 • 09:30 Enlace permanente

No te disculpes por no estar conmigo.
Mi vida, igual que la tuya, discurre por su propio cauce,
sus propios altibajos.
Si olvidamos por un momento la filosofía,
las risas y el llanto,
mi felicidad y mi desdicha,
no dependen de ti
y son distintos de los tuyos

Aunque te eche de menos
soy yo quien está inmersa en ella, en mi vida,
y no tengo más remedio que abrirme paso
a solas, con todo mi miedo, con toda mi pena.
Como siempre ha sido, como debe ser.

(Y, acuérdate, hay días en que estamos tan lejos
que el roce de la comunicación
es sencillamente imposible:
duele y no cura.

Quizá debería pedirte disculpas yo por estar esas veces contigo.)




miércoles 4 de abril de 2007 • 09:30 Enlace permanente

El líquido espeso se disuelve hasta que sólo quedan unos cristales en el fondo del vaso. Y esos cristales me están haciendo daño: el vaso es mi propio corazón.




jueves 5 de abril de 2007 • 08:30 Enlace permanente

«No sé si esta vez seré capaz de soportarlo», me oigo repetir,
susurrando, y también a gritos.
Pero entonces recuerdo
que es un regalo, una oportunidad para intentar hacerlo algo mejor
que la última vez.
Y que hasta que no lo consiga no será aún la última.




viernes 6 de abril de 2007 • 09:30 Enlace permanente

No hay paz, ni podrá haberla
hasta que haya aprendido
a verla en el centro mismo del espanto.




lunes 9 de abril de 2007 • 09:30 Enlace permanente

No sé si yo tengo algo que enseñarte
–quiero pensar que sí–.
Lo que sí sé es que todavía hay muchas cosas
que tengo que aprender,
que estoy aprendiendo
de ti.




martes 10 de abril de 2007 • 09:30 Enlace permanente
A, B y C

Todo lo que le escribí en mis noches de insomnio
él se lo enviaba a ella
como si fuera suyo
(“suyo” de él,
“suyo” de ella;
nada me quedó que pudiera llamar mío).




miércoles 11 de abril de 2007 • 09:30 Enlace permanente

Llueve verticalmente. Por fin.




jueves 12 de abril de 2007 • 09:30 Enlace permanente

Sus palabras, miguitas de pan que iba dejando
por el camino.
Sus actos, los pájaros que se las iban comiendo.




jueves 12 de abril de 2007 • 13:53 Enlace permanente
Invitado: Raúl Morales García

Coda

Como Julie
pasando el puño
por la pared
pero tumbado en el camino
sintiendo cada piedra
en la espalda.




viernes 13 de abril de 2007 • 09:30 Enlace permanente

El roce de la orquídea en la mejilla
esta mañana
me recuerda que, pese a todo, aún existe
la dulzura.




domingo 15 de abril de 2007 • 22:23 Enlace permanente
Invitado: Bertold Brecht

A la buena gente se la conoce
en que resulta mejor cuando se la conoce.
En momentos difíciles de barcos naufragando
de pronto descubrimos fija en nosotros
su mirada inmensa.

Nines lo ha recordado en la lista Magiapotagia y yo quiero dedicarlo a todos los lectores que me han escrito en los últimos días.




lunes 16 de abril de 2007 • 09:30 Enlace permanente

El chocolate se derrite en mi boca,
la frente apoyada en tu pecho.
Hueles a aceite de caléndula




martes 17 de abril de 2007 • 09:30 Enlace permanente

Me despierto de madrugada con los hombros helados.
Me abrazo y el tacto de mis propios brazos me desconcierta:
esta carne, esta piel suave, estos músculos, ¿de quién son?




miércoles 18 de abril de 2007 • 09:30 Enlace permanente

Se comió despacio la cabeza de aquel enorme pescado,
chupando, sorbiendo, mordiendo;
dejando los huesos perfectamente limpios
con los labios, la lengua y los dientes.
Y luego hizo con ellos, para su nieta,
un gran pájaro con las alas desplegadas.




jueves 19 de abril de 2007 • 09:30 Enlace permanente

Saborear la tristeza como un plato exótico,
ligeramente nauseabundo,
sin estar seguros de si es venenoso.




viernes 20 de abril de 2007 • 09:30 Enlace permanente

Llueve mucho, a cubos. De plástico.
(Ya nadie usa cántaros.)




lunes 23 de abril de 2007 • 09:30 Enlace permanente
El yo y el ego. Cuestión de palabras

El yo, pequeño y frágil, casi hermoso
con su mirada asustada de ciervo acorralado
bajo un cielo oscuro que anuncia tormenta.
Cuando arremete con sus cuernos, lleno de pavor,
le llamamos “Ego” y le miramos por encima del hombro,
como algo despreciable,
echándole en cara su ignorancia:
«¿Cómo es posible que no sepas que, en realidad,
no existes?»




martes 24 de abril de 2007 • 09:30 Enlace permanente

Las hojas de los árboles a medio desplegar,
como las alas de un polluelo recién salido
del cascarón,
aún mojadas.




miércoles 25 de abril de 2007 • 09:30 Enlace permanente

Armarse de paciencia.

¿Pero cómo puede uno armarse de algo que es suave y bondadoso?




jueves 26 de abril de 2007 • 09:30 Enlace permanente

El problema de caminar siempre de puntillas
es que es terriblemente cansado.




viernes 27 de abril de 2007 • 09:30 Enlace permanente

El peral florecido de la curva del camino
parece mucho más grande cuando pasan las vecinas,
charlando,
junto a él.




lunes 30 de abril de 2007 • 09:30 Enlace permanente

En el cielo del ocaso
vemos con asombro una nube que parece un delfín.
Sus aletas caen con suavidad y son también
los largos cabellos de una princesa
(«me gustaría peinarlos», digo).

Brillan los relámpagos a lo lejos.