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Textos: Berna Wang
Fotografías: Francisco Javier Garín Voxel Infográfica
Diseño: Joaquín Bernal Baara Estudio

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sábado 6 de enero de 2007 • 13:02 Enlace permanente
Invitado: Ángel Zapata

MIGRACIONES


1

UN TROZO DE ALGO, por ejemplo, la hebilla de un cinturón, y un círculo de tiza dibujado en una pizarra, no podrían injertarse uno en otro y ni siquiera permanecer por mucho tiempo uno al lado del otro, pues las afinidades entre las cosas, regidas por el ciclo de las mareas, no admiten ese hueco, ávidamente diurno, de los encuentros impremeditados. Las cosas, dices, el peso de las cosas, un cepillo de dientes, una escalera de aluminio, también los reglamentos y el filo hendido de las lágrimas; esta alegría maltrecha de quien ya no imagina más tropiezos, pero sigue esperando a que esté oscuro para amontonar cabecitas de pájaro en la puerta de las comisarías.


2

Los elefantes son una forma de ceguera. No te rías. La desesperación es otra. Si pudiera elegir, me quedaría con la ceguera que se administra con cuchara. Los elefantes sólo se encuentran en manadas, como las piedras que ya ha alisado el mar, y por eso no hay modo de escupirlos.


3

Dime una cosa: ¿con qué abrochas un día a otro día? Para los esquimales lo he leído en un libro los días son tan frágiles como arpones de hielo. Los días, para mí, son cigüeñas de sal anidando a la orilla de un lago. Cuando eras niña, hablabas en secreto el idioma del frío. No me beses para que me calle. Respóndeme.


4

Te asomo a una ventana, después a otra, las ventanas tienen las hojas abiertas, como los élitros de un escarabajo, no están del todo o exactamente vivas, pero saben curvarse como palmeras en cuanto dejas de asomarte; y yo sonrío puede que de lejos, más contigo y más solo que cualquier otra noche, y llamo a todo esto «la lentitud».


5

La mano es enemiga por este orden de lo impar, de las brasas, de las cerezas. Apréndelo deprisa. La mano es el extremo de un continente de agua, lo que apresa no es suyo, su fortaleza es la precariedad. La mano que sostiene una balanza odia los juncos y los alfabetos, lo que crece a su orilla. La mano hecha de avispas forma, al abrir los dedos, el mapa de una tierra que mana leche y miel. Ningún mar ha intentado todavía llegar mucho más lejos que su mano. Algunos hombres, los mejores, sí.


6

De qué sirve una espiga. Una tormenta, puede. Dos tormentas, muchísimo mejor. Pero una espiga, para qué sirve: di. Repasa, cuando ya nadie quiera reprochártelo, la jerarquía de los meteoros. El arrepentimiento no está entre ellos. El verano tampoco. Ahora es de noche, las dunas tienen párpados, la sed le teme al rayo y a la tenacidad de las hormigas. Encuentras en tu cama una balsa de náufrago del tamaño exacto del corazón. En ese caso: ¿vuelves a dormirte?


Ángel Zapata, La vida ausente, Páginas de Espuma, Madrid 2006.




sábado 6 de enero de 2007 • 13:07 Enlace permanente
Invitado: Iñaki Ducable

Los espejos del alma




lunes 8 de enero de 2007 • 09:30 Enlace permanente
Ausencias

Un jersey negro en el suelo del baño,
un par de calcetines (limpios) detrás de la cama.
La sudadera blanca que me hace más joven (un regalo).

Las piñas que recogimos juntos
arden en la chimenea.




martes 9 de enero de 2007 • 09:30 Enlace permanente
Presencias

En el jardín
un muchacho dibujaba su nombre en la oscuridad
con una linterna.




miércoles 10 de enero de 2007 • 09:30 Enlace permanente

El cansancio tras una noche de amigos, brindis y canciones,
tan distinto del cansancio.




jueves 11 de enero de 2007 • 09:30 Enlace permanente

El sol de invierno y el milagro
de una orquídea blanca que se despliega
junto a la ventana.




viernes 12 de enero de 2007 • 09:30 Enlace permanente

El cubo de cinc lleno de ceniza a la izquierda
y a la derecha, la luna naciente.




lunes 15 de enero de 2007 • 09:30 Enlace permanente


Me senté junto al camino
y le pregunté al cuervo que estaba posado sobre el pino
(un número impar de graznidos significaba “sí”).
Su respuesta me hizo sonreír.




martes 16 de enero de 2007 • 09:30 Enlace permanente

Días, por lo demás, plácidos
en los que ni siquiera miro el horóscopo
ni el pronóstico del tiempo:
parece que va a seguir sin llover.




miércoles 17 de enero de 2007 • 09:30 Enlace permanente

Es tarde, amor.
El pintalabios sabe a fruta.




jueves 18 de enero de 2007 • 09:30 Enlace permanente

Nadie lo sabe.
Ni tú, ni yo siquiera.
Y está en el aire




viernes 19 de enero de 2007 • 09:30 Enlace permanente

Se acumula
la niebla sobre el valle
detrás de los cristales.
Me alejo buscando otro mar.




lunes 22 de enero de 2007 • 09:30 Enlace permanente
De viaje (1)

Un viento con olor a mar
cruza las vías del tren
súbitamente.




martes 23 de enero de 2007 • 09:30 Enlace permanente
De viaje (2)

Resulta extraño escuchar
aquí y ahora
canciones de tiempos
y lugares tan distintos.

El pasado ya no existe,
el futuro aún no ha llegado.
El presente es un instante que no podemos aprehender.




miércoles 24 de enero de 2007 • 09:30 Enlace permanente
De viaje (3)

Hay tantas personas en esta estación.
De una en una, corazón a corazón,
cuántos sueños,
cuánto dolor,
cuánto anhelo de felicidad.

Hay tantas personas en este tren
que dibuja su línea de luz
sobre esta tarde de invierno.




jueves 25 de enero de 2007 • 09:30 Enlace permanente

El mar, un manto de seda oscura.
Sólo viento,
sólo agua,
sólo sol
y nuestras voces cantando.

Un arco iris nos persigue.




viernes 26 de enero de 2007 • 09:30 Enlace permanente

Un perro con nombre de constelación
y un caballo con nombre marinero.
La vida crece alrededor.




lunes 29 de enero de 2007 • 09:30 Enlace permanente

El hielo en la noche,
¿brilla también ahora, cuando no lo miro,
y todas las luces están apagadas?




martes 30 de enero de 2007 • 09:30 Enlace permanente
A veces a dos


A veces yo no veo nada y tú me dices
lo que ves:
los pinos polvorientos y un muro
de piedra que tiene grabados
gestos centenarios.

Entonces yo veo con tus ojos y te escribo un poema
sobre esos pinos y el muro de piedra.

Y tú los ves de nuevo con mis ojos y yo los veo
con los tuyos otra vez:
Los pinos polvorientos,
el muro de piedra
y nuestras miradas.




miércoles 31 de enero de 2007 • 09:30 Enlace permanente

La felicidad de ver la montaña nevada
incandescente
en la penúltima luz de la tarde.