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Textos: Berna Wang
Fotografías: Francisco Javier Garín Voxel Infográfica
Diseño: Joaquín Bernal Baara Estudio

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miércoles 1 de junio de 2005 • 08:40 Enlace permanente

No se levantó hasta las tantas. No comió. No se vistió. No se peinó. No se lavó los dientes. En realidad, no supo siquiera qué hizo hasta las seis de la tarde. A esa hora se metió en la ducha. Y cuando salió y se miró, vio que no había más abajo donde seguir cayendo. Así que se puso de puntillas, se impulsó y salió hacia arriba. Despacito. Muy despacito. Como un globo torpe y pesado.

Recorrió el mismo camino que hizo hacia abajo, pero en dirección contraria. Y en los mismos cruces y semáforos que a la ida volvía a echarse a llorar. Y no encontró ni un solo vendedor de pañuelos de papel, justo cuando más los necesitaba.




jueves 2 de junio de 2005 • 08:40 Enlace permanente

Tanto miedo tenía a no ser capaz
de cortar este hilo que les unía de un extremo a otro de la vida
que se cortó el pelo.




viernes 3 de junio de 2005 • 08:40 Enlace permanente

Ella dijo: «¿Quién te dinamitó por dentro y dejó ese pozo sin fondo que atrae y engulle compulsivamente todo lo que lo rodea y nunca se llena? ¡Cuánto daño te han hecho!»

Y él le respondió: «No tengo yo la culpa de que te atraiga mi abismo.»




domingo 5 de junio de 2005 • 00:00 Enlace permanente
Invitado: JdJ

En las Navidades de hace diez años dejé de soñar con él. No sé cómo, pero lo cierto es que aquella noche supe que era la última, aunque ni siquiera se despidió. Lo sentí de veras. Llevaba, entonces, ya más de quince años acosándome. De vez en cuando. Una vez cada tres semanas o así, que es la cadencia con la que suelo tener pesadillas. Siendo niño soñaba con cosas que veía a hurtadillas en la televisión, programas de las horas que me estaban prohibidas, o quizás en el cine. Godzilla, King Kong o Batman (siempre me ha dado más miedo que otra cosa) aparecían para joderme la vida. Pero una noche, siendo ya casi un adolescente, apareció él. Yo soñaba que soñaba en mi propia cama y, de repente, noté el abrazo de una mano helada en mi cuello. Decenas de pelos enhiestos se clavaron en mi piel. Salté en la cama y me quedé sentado mientras gritaba. Entonces no sabía que aquella agresión era la primera serie de un montón de pesadillas.

Eso sí, ya no consiguió volver a tocarme. La siguiente vez que soñé con él estaba en la misma cama, haciendo lo mismo; pero esa vez le esperé. Cuando sacó la mano para agarrarme, yo ya no estaba ahí. Corría por el pasillo de mi casa no sé muy bien hacia dónde. Él me perseguía y yo sentía su aliento. Trataba de correr pero no podía. Luego me despertaba. Fue así durante meses.

Más o menos en los tiempos en que me enamoré por primera vez, se me ocurrió, dentro de la absurda lógica del sueño, acercarme a una ventana y echar a volar. Pero no volé, claro. Me desperté casi a punto de estallar contra el suelo. Pensé que aquella era una experiencia tan fuerte que las pesadillas no volverían. Pero él siguió volviendo. Persiguiéndome por mi propia casa vacía y oscura. Respirando en mi nuca. Más soñaba con él, más consciente era de que los sueños, sueños eran. Aún así, no podía superar el miedo.

Una noche, en el cuartel, mientras hacía la mili, volví a soñar con él. Supongo que esa extraña mezcla de mente consciente y subcosciente de la duermevela me hizo saber que estaba durmiendo en un lugar vigilado por un imaginaria armado. Eso da seguridad. El caso es que fue la primera vez que me detuve en medio del pasillo y me giré para verle. Un hombre lobo, bastante más alto que yo, con sangre y babas corriéndole por la comisura de su gran boca. Ojos crueles. Garras.

Desde aquel día empecé a buscar por mi casa algo para matarlo. En fin, los sueños son así, o eso dicen. Si tú deseas que aparezca un lanzagranadas, aparecerá. Pero son puras teorías. He pasado unos diez años, que a sueño cada tres semanas son unos 170 sueños, tratando de materializar en mis manos algo con lo que acabar con ese cabrón. Pero nada. Una vez conseguí tirarle una silla. Se la comió y luego se reía.

Cuando te haces adulto te obligas a integrar estas cosas en tu vida. Jamás se las cuentas a nadie y las vas racionalizando. El sufrimiento pasó a ser molestia, como la cicatriz de esa grave operación cuando ya han pasado un mes o dos de convalecencia. Me convertí en un adulto que soñaba más o menos una vez al mes con que un hombre lobo le perseguía. Algo vulgar. Apenas me acordaba de él cuando estaba despierto.

Hace diez años, se fue. Apareció detrás de la cama como siempre y yo, mientras echaba a correr, ya estaba pensando: bueno, dentro de cinco minutos me voy a despertar, y seguro que me estaré meando. Corrí como un gamo. Llegué a la puerta de mi casa, cosa que nunca había conseguido, la abrí y salí. Él estaba dentro, yo fuera y me desperté. No tuve la menor duda de lo que eso significaba. No volvería.

Hasta ayer mismo. Regresé del oculista. Me diagnosticó un principio de glaucoma, me recetó unas gotas y me dijo, como quien canta el contenido del menú del día: tendrá que echárselas ya toda la vida. Salí a la calle no demasiado preocupado pero, eso sí, diciéndome: chaval, te ha llegado la edad en la que las molestias se presentan para toda la vida. Me acosté, digamos, superficialmente deprimido.

Volví a soñar con la cama y el dormitorio y la casa del sueño, que ya no es la misma en la que vivo. No tardé ni dos segundos en situarme. Me senté en la cama y le llamé. Él contestó tenue desde sus profundidades, pero acabó saliendo, trabajosamente, de su escondite bajo mi almohada. Joder, qué visión. Yo no sabía que los hombres lobo envejecieran, además tan visiblemente. Lo invité a sentarse a mi lado y él aceptó de buen grado.

¿Qué quieres, después de tanto tiempo?, me preguntó, algo fastidiado.

No sé, contesté yo. No tenía el proyecto de soñar contigo.

El hombre lobo chasqueó la lengua.

Me llamo Durian, me informó, como quien dice algo casual. Yo musité: genial. Luego dije: bueno, ¿corremos? Él hizo un rictus de aburrimiento y contestó: ni de coña. Ya estoy muy viejo para esto.

Los sueños no envejecen, pensé yo para mí. Pero, claro, como era un sueño, Durian me escuchó aunque yo no hubiese hablado.

El sueño es la vida misma, dijo mi ex perseguidor. Y tú ya no quieres que los miedos que yo llevo dentro te persigan. Lo que quisieras es volver a sentirlos.

Es jodido darte cuenta de que eres más estúpido que un hombre lobo onírico. Pero, en mi caso, no pude negármelo. Asentí, sintiéndome repentinamente cansado. Le miré, tratando de sonreír, y le tendí la mano.

Me la apretó con la misma fuerza de tantos años atrás. Sentí el tacto de su piel helada y sus pelos, duros como clavos.

¿Te veré en el Infierno?, pregunté. Él se limitó a sonreír de medio lado, y se marchó sin más palabras.

Esta mañana, al llegar a la oficina, he llamado a mi periódico favorito. Me han atendido muy bien y me han dicho que podía encargar la esquela por teléfono. Cuando les he dicho que en la filiación del muerto quería poner Durian, a secas, se han extrañado un poco. ¿Sin apellidos?, han dicho. Entonces he balbuceado mis propios apellidos. Luego, la señorita me ha dicho: el resto, bueno, ya sabe, si quiere ponemos eso de falleció ayer confortado por los santos sacramentos y la bendición de SS.

No, le he contestado. Escriba: falleció ayer de un ataque de madurez.

Al principio, me han dicho que no era posible. Luego la chica, tras consultar con sus jefes mi oferta de pagar una tarifa triple, ha dicho que sí.

Nada más colgar, me he dado cuenta de que esta noche dormiré como un bendito
adulto aburrido.


Juan de Juan
Publicado en la lista Escritura Creativa el 1 de junio del 2005




lunes 6 de junio de 2005 • 08:40 Enlace permanente
sol_en_buzón_amordazado



Alguien estaba tan triste
que ha maniatado,
amordazado
y cegado el sol.




martes 7 de junio de 2005 • 08:40 Enlace permanente

Miro la tarde por la ventana
con una taza de té
muy caliente y muy amargo.
En alguna parte
siguen agazapados el miedo,
la culpa
y el dolor.
Tal vez en ese avión que llega por la derecha
con su luz roja.
O en el ladrido intermitente del perro
al otro lado de la calle.

Pero las gymnopédies de Satie,
el eco de tus palabras como abrazos y
el tacto de tus abrazos como palabras
me salvan.
Esta tarde al menos.




miércoles 8 de junio de 2005 • 08:40 Enlace permanente

Si las palomas blancas son de la paz, ¿las grises son palomas de guerra?




jueves 9 de junio de 2005 • 08:40 Enlace permanente

Sé que los cepillos de dientes hay que cambiarlos cada tres meses.

En cuanto al domicilio, he hecho el cálculo: viví los 19 primeros años de mi vida en tres sitios (una pensión, una habitación con derecho a cocina y el piso que siguen teniendo mis padres) y los siguientes 28 en 11 pisos. Es decir, me sale una media de una mudanza cada 2,54 años.

Supongo que hay que cambiar cuando lo que tienes ya no sirve. Aunque sería más fácil tener un manual de instrucciones para saber qué hay que hacer en según qué casos difíciles.




viernes 10 de junio de 2005 • 08:40 Enlace permanente
Mercado de Maravillas

Cabezas de rape abiertas como libros.
Un rodaballo de perfil. Negro.
Los callos extendidos sobre el mostrador de la casquería
como pieles de animales míticos, tan blancos.
¡La geométrica paciencia de los fruteros!
Un puesto de morcillas de Burgos que vende morcillas de Burgos
Huevas de merluza.
Las pollerías con su olor a muerto y esos colores mortecinos.
Las carnicerías y el olor metálico de la sangre. Color rojo.
Las pescaderías que huelen a mar y su color metálico.
Y calzados Morales.




domingo 12 de junio de 2005 • 00:00 Enlace permanente
Invitado: Velvet Underground

I‘ll be your mirror

I’ll be your mirror,
reflect what you are, in case you don‘t know.
I’ll be the wind, the rain and the sunset,
the light on your door to show that you‘re home.

When you think the night has seen your mind,
that inside you’re twisted and unkind,
let me stand to show that you are blind.
Please put down your hands
‘cause I see you.

I find it hard to believe you don’t know
the beauty that you are,
but if you don‘t, let me be your eyes,
a hand in your darkness, so you won’t be afraid.

When you think the night has seen your mind,
that inside you‘re twisted and unkind,
let me stand to show that you are blind.
Please put down your hands
’cause I see you.

I’ll be your mirror.




lunes 13 de junio de 2005 • 08:40 Enlace permanente

Combato los síntomas:
Me cojo del cuello y me meto en la ducha
todas las mañanas.




martes 14 de junio de 2005 • 08:40 Enlace permanente

Tapando el sol con la mano
vimos el arcoiris circular, perfecto.
Luego nos fuimos a comer.




miércoles 15 de junio de 2005 • 08:40 Enlace permanente

«Es poeta y mi pareja de baile», dijo presentándome. Me sentí más orgullosa de lo segundo que de lo primero.