Ver fotografía
Creditos
Textos: Berna Wang
Fotografías: Francisco Javier Garín Voxel Infográfica
Diseño: Joaquín Bernal Baara Estudio

Creative Commons © 2003 y años sucesivos, Berna Wang, bajo una licencia Creative Commons, excepto los textos citados, que son propiedad de sus respectivos autores.

Creado y administrado con Bitako 1.0





Archivo
Por meses Ver
Buscador Buscar
lunes 1 de noviembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Mis palabras no son más que la espuma
de las olas
del océano.




martes 2 de noviembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Cada vez que levantaba la mirada
veía un cielo lleno de nubes
y en medio
un rectángulo tan azul
que era casi inverosímil.




miércoles 3 de noviembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Llameaban los árboles amarillos en la huerta
y ni siquiera hacía sol.




jueves 4 de noviembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

En la cama, abrigada, leo a Marosa di Giorgio.
Es un libro marcado con rotuladores
azules y verdes por su dueña,
entonces adolescente.
Y pienso en sus dedos finos y ágiles
mientras siento el dolor de la artrosis en los míos.




viernes 5 de noviembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

A veces escribo poemas
sólo para no olvidarme,
sólo para no olvidarte
el día en que la memoria me abandone
definitivamente.




domingo 7 de noviembre de 2004 • 00:00 Enlace permanente
Invitado: Dzogchen Ponlop Rimpoché

El cielo

Tan azul como el océano
infinita es la mente.
Tan brillantes como los cielos
luminosa es la mente.

La vastedad del cielo
se encuentra con el océano azul profundo.
La unión en el horizonte
me lleva más allá del aliento.

El cielo es un invento.
Y el infierno la religión del miedo.
El hombre no necesita a ningún Dios
la libertad es innata.


Dzogchen Ponlop Rimpoché
Canadá, 13 de julio de 1997
Escrito originalmente en inglés. Traducción: Ösel Drölma




lunes 8 de noviembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Nos fuimos juntando a la noche,
cada uno había acudido por cualquier otro motivo.
Terminamos cantando hasta la madrugada
y luego ninguno podíamos dormir:
el corazón se nos quedó abierto
de par en par
en la garganta.




martes 9 de noviembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Intento calcular, lápiz en mano,
cuántos días sin verte han de pasar,
como máximo,
para empezar a echarte de menos.




miércoles 10 de noviembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Después de doce días de vacaciones, me encontré la mata de margaritas mustia, las hojas lacias y sin vida. La regué con escepticismo, pensando que ya no había nada que hacer. Y día a día, laboriosamente, se ha producido el milagro: una fuerza invisible subió desde la tierra mojada y coloreó, despacio, las hojas de verde. El esfuerzo no alcanzó a las hojas de abajo, que se han ido secando, sino que concentró en las más próximas a la punta de cada rama. Hoy, al ver las flores, he sabido porqué.




jueves 11 de noviembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente
Vértigo gozoso

Como el que produce caminar muy deprisa con los ojos vendados en un día de sol, aterrorizada y sabiendo al mismo tiempo que no va a pasarme nada. Confiando en la mano que me guía. Sabiendo que no es más que un juego.




viernes 12 de noviembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

El invierno está llegando, lo sé. Pero no sé si estoy preparada para recibirlo.




lunes 15 de noviembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente
Recuerdo

El tacto del marfil de las teclas del piano. Y su sonido, como de gotas que caen, redondas, sobre las baldosas amarillas.




martes 16 de noviembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

No había amanecido todavía cuando, con los guantes de goma aún puestos, salió a llevar dos grandes bolsas de basura a los cubos. Y en el aire frío de la madrugada les oyó cantar. Eran tres hombres y venían bailando por el camino.




miércoles 17 de noviembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Sí se olvida, dijo enfadada, mientras se levantaba por tercera vez del barro. Dolorida, volvió a subirse a la bicicleta.

Y fue entonces, cuando ya le daban igual la mojadura, el frío, el cansancio, la frustración y el miedo a volver a caerse, cuando empezó a disfrutar del paseo.

La vi perderse cuesta abajo, bajo la lluvia. Iba sonriendo y empapada.




jueves 18 de noviembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

¿Oscar Peterson o Monty Alexander? ¿Qué clase de añoranza me trae su música en esta mañana helada, mientras miro el cielo?




viernes 19 de noviembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

El espacio se abre y se cierra,
latiendo
fuera de control.
Fuera de control, como una comida improvisada
en una isla desierta
que se va llenando de invitados.




sábado 20 de noviembre de 2004 • 00:00 Enlace permanente
Invitada: Pema Chödrön

Había una vez una joven guerrera. Su profesora le dijo que tenía que luchar con el miedo, pero ella no quería hacerlo. Le parecía algo demasiado agresivo, temerario; le parecía poco amistoso. Pero la profesora insistió y le dio las instrucciones para su batalla. Llegado el día, la estudiante estaba de pie en un lado y el miedo estaba al otro lado. La guerrera se sentía muy pequeña y el miedo parecía muy grande e iracundo. Ambos tenían asidas sus armas. La joven guerrera se levantó, fue hacia el miedo, se postró tres veces ante él y le preguntó: «¿Me das permiso para entrar en esta batalla contigo?» El miedo dijo: «Gracias por mostrar tanto respeto al pedirme permiso.» La joven guerrera volvió a preguntar: «¿Cómo puedo derrotarte?» Y el miedo replicó: «Mis armas son que hablo muy rápido y me sitúo muy cerca de tu cara. Entonces te pones muy nerviosa y haces lo que te digo. Si no hicieses lo que te digo, no tendría ningún poder. Puedes escucharme y puedes respetarme, puedo incluso convencerte con mis argumentos; pero si no haces lo que te digo, no tengo poder.» De esta forma la estudiante guerrera aprendió a derrotar al miedo.


Pema Chödrön, Cuando todo se derrumba, Gaia Ediciones, Madrid 1998, traducción de Miguel Irribarren




domingo 21 de noviembre de 2004 • 00:00 Enlace permanente
Invitado: Juan Nadie

En la Luna

Quedamos en mi sueño y no apareciste.
Tal vez era pequeño. Tal vez no quisiste.

Quise subir contigo a la Luna, pero estaba llena.
Maldito meteoro.
Afluencia inoportuna.
Maldita la pena.
Maldije su aforo.

Ante mi deseo creciente y tu interés menguante
pedí una luna nueva por si quedan vacantes.


Juan Nadie




lunes 22 de noviembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

El valor de intentarlo:
El que hay que reunir,
lo que vale cada intento.




martes 23 de noviembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Cuando éramos niñas, mi hermana tenía una bufanda blanca de seda para envolver su violín. Desde entonces he buscado una igual o parecida en tiendas de todo el mundo. Hoy hace un año que, mientras esperaba en un pasillo, alguien salió de una habitación y me puso una, arrugada, en la mano.




miércoles 24 de noviembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Yo no creo en los compromisos, dijo. Nadie ha cumplido aún ninguna de las promesas que me ha hecho.




jueves 25 de noviembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Llegó por fin el invierno, y no estaba preparada, sino perpleja. Tanto, que lo único que pude hacer fue echarme a reír.




viernes 26 de noviembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Suena un son cubano a todo volumen en la calle. Y de pronto me acuerdo de La Habana Vieja, su luz de día, y su oscuridad de noche.




sábado 27 de noviembre de 2004 • 00:00 Enlace permanente
Invitado: Guido Eytel

Yo soy el que interpreta los sueños,
pero es otro el que la hace soñar.


Guido Eytel
Publicado en la lista Escritura Creativa el 17 de noviembre del 2004




domingo 28 de noviembre de 2004 • 00:00 Enlace permanente
Invitada: Sor Isabel de Jesús

Veo de ordinario una luz hermosa cuando estamos
escribiendo, manifestándose esa luz unas veces
sobre la mano, que parece dar muestras de que la rige,
otras veces se manifiesta sobre el papel, junto
a lo que va declarando la pluma. Otras veces la veo
sobre lo que ya queda escrito, algo desviada de la pluma
y otras veces veo un ángel.


Sor Isabel de Jesús (1586-1648)
Publicado por Lola en la lista Escritura Creativa el 24 de noviembre del 2004




lunes 29 de noviembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Hace varios días que el ascensor de mi casa huele a naranja y coco.
Subir a casa es como trepar a un árbol.
Bajar a la calle, una aventura.




martes 30 de noviembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Si no hay montañas ni piedras en Holanda, ¿qué lanzarán los niños contra las farolas?