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Textos: Berna Wang
Fotografías: Francisco Javier Garín Voxel Infográfica
Diseño: Joaquín Bernal Baara Estudio

Creative Commons © 2003 y años sucesivos, Berna Wang, bajo una licencia Creative Commons, excepto los textos citados, que son propiedad de sus respectivos autores.

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miércoles 1 de septiembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

La mariposa aletea, agonizante,
en la cuneta.
Anochece.




jueves 2 de septiembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

En la copa del árbol más alto del jardín
se mece la urraca.
En el delgado aire de la tarde.




viernes 3 de septiembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Llegó la hora:
El trueno baila,
la noche llora.




sábado 4 de septiembre de 2004 • 00:00 Enlace permanente
Invitada: Maribel Lacave

Sé que una vez fui río,
que corrí incansable
entre las piedras

–algunas noches
aún oigo el rumor de las ramas
a mi paso–.

Nada más recuerdo,
salvo esta alegría salvaje
de adentrarme en el mar.


Maribel Lacave
Publicado en la lista Escritura Creativa el 2 de septiembre del 2004




lunes 6 de septiembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

La rosa abierta
sostiene a pulso
el cielo entero.




martes 7 de septiembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente
Final de verano

Nadar al atardecer,
bajo la lluvia.
Y secarse el pelo, temblando,
junto a la chimenea.




miércoles 8 de septiembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

El vendaval ha deshojado las rosas
y ha cubierto la hierba,
el agua
y la arena
de pétalos.




jueves 9 de septiembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Si, como dicen, el tiempo no existe,
¿a qué estamos esperando?




viernes 10 de septiembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Dudo entre tender la ropa fuera
o dentro.
Hay nubes que pasan veloces
y un sol que también duda
entre brillar o esconderse.
Miro por la ventana con el cesto
de ropa mojada en el regazo.
Fuera
o dentro.
Brillar
o esconderse.


de Pequeños accidentes caseros (de próxima publicación en adamaRamada
ediciones, ediciones@adamar.org)




sábado 11 de septiembre de 2004 • 17:56 Enlace permanente

primaveraveranootoñoinviernoyprimavera



domingo 12 de septiembre de 2004 • 00:00 Enlace permanente
Invitado: Jorge Teillier

Bajo el cielo nacido tras la lluvia

Bajo el cielo nacido tras la lluvia
escucho un leve deslizarse de remos en el agua,
mientras pienso que la felicidad
no es sino un leve deslizarse de remos en el agua.
O quizás no sea sino la luz de un pequeño barco,
esa luz que aparece y desaparece
en el oscuro oleaje de los años
lentos como una cena tras un entierro.

O la luz de una casa hallada tras la colina
cuando ya creíamos que no quedaba sino andar y andar.

O el espacio del silencio
entre mi voz y la voz de alguien
revelándome el verdadero nombre de las cosas
con sólo nombrarlas: “álamos”, “tejados”.
La distancia entre el tintineo del cencerro
en el cuello de la oveja al amanecer
y el ruido de una puerta cerrándose tras una fiesta.
El espacio entre el grito del ave herida en el pantano,
y las alas plegadas de una mariposa
sobre la cumbre de la loma barrida por el viento.

Eso fue la felicidad:
dibujar en la escarcha figuras sin sentido
sabiendo que no durarían nada,
cortar una rama de pino
para escribir un instante nuestro nombre en la tierra húmeda,
atrapar una plumilla de cardo
para detener la huida de toda una estación.

Así era la felicidad:
breve como el sueño del aromo derribado,
o el baile de la solterona loca frente al espejo roto.

Pero no importa que los días felices sean breves
como el viaje de la estrella desprendida del cielo,
pues siempre podremos reunir sus recuerdos,
así como el niño castigado en el patio
encuentra guijarros para formar brillantes ejércitos.
Pues siempre podremos estar en un día que no es ayer ni mañana,
mirando el cielo nacido tras la lluvia
y escuchando a lo lejos
un leve deslizarse de remos en el agua.


Jorge Teiller, de Para un pueblo fantasma, 1978.
Publicado por Guido Eytel en la lista Escritura Creativa el 25 de agosto del 2004




lunes 13 de septiembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

La perra duerme con las orejas levantadas,
agarrándose a los sonidos
para no abandonarse del todo al sueño.




martes 14 de septiembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

A veces ocurren cosas que son regalos, como cuando esta tarde ha entrado flotando despacito, desde la habitación de al lado, una pequeña pluma blanca, ha pasado delante de mis ojos enrojecidos, fijos en la pantalla del ordenador, y se ha posado en mi mesa, exactamente sobre el platillo donde están las caracolas.




miércoles 15 de septiembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Palomitas de microondas, vino tinto.
Desde Galicia hasta el Himalaya sobre una gaviota.
Madrugada de domingo.




jueves 16 de septiembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

La araña: un puñado de finísimos alambres que se mueven despacio, tanteando, sobre el jabón, en el borde del lavabo. La miro despacio. Así no puede dar miedo. Ni asco. Sólo asombro.




viernes 17 de septiembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Miro por la ventana: alguien ha prendido fuego al cielo. Y borda relámpagos, silencioso, con hilo de oro blanco en el brocado gris y rojo del atardecer.




sábado 18 de septiembre de 2004 • 00:00 Enlace permanente
Invitado: Jose

Perder la inocencia

Antes de irse a dormir, el ángel le pregunta a Dios:
–¿A dónde va uno cuando se muere?
Dios le mira un instante, y después le responde:
–A la Tierra, que es un sitio muy grande muy grande, y muy bonito, y en el que eres libre para hacer lo que quieras.

Antes de irse a dormir, el demonio le pregunta a Satán:
–¿A dónde va uno cuando se muere?
Satán le mira un instante, y después le responde:
–A la Tierra, que es un sitio enorme y precioso, y en el que eres libre para hacer lo que quieras.


Jose
Publicado en la lista Escritura Creativa el 27 de agosto del 2004




domingo 19 de septiembre de 2004 • 00:00 Enlace permanente
Invitado: José Mª. Sulleiro

Los nombres

Al principio del tratamiento, guardó silencio durante semanas. Después, se limitó a llorar. A los tres meses comenzó a tantear algunas frases.

–¿Cree usted que el silencio le va a proteger? ¿Por qué teme usted tanto a sus propias palabras?

–Porque no son de fiar. Porque no soy de fiar cuando hablo. Me lo invento todo. Llevo años inventado emociones para llorar, dolores que lleven hasta el borde de la locura, pasiones para recorrer pieles, partituras, párrafos, cuadros, paisajes. No he parado de hablar, de escribir… una estafa. Y ahora me muero de miedo con las palabras; cuando vengo aquí, siento como si alguien les hubiera quitado el seguro y me explotaran dentro.

Así era. Tardó casi un año en comenzar la reconciliación con las palabras. Aquellas palabras inocentes, compañeras de todos los días, buenas amigas de muchos años, que en el diván se dan la vuelta y se lo llevan todo por delante. Ese fue su primer trabajo: reconocer las palabras, y, después, ponerle nombre a los sentimientos.


José Mª. Sulleiro
Publicado en la lista Escritura Creativa el 8 de septiembre del 2004




lunes 20 de septiembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Estoy tan cansada que sólo me acuerdo de regar las plantas cuando las veo desfallecer, tan extenuadas como yo.




martes 21 de septiembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente
El perfume de la noche

Al principio pensé que era el olor del suavizante. Que alguna vecina de planta estaba tendiendo la colada. Pero una noche sentí el olor cuando acababa de fregar los platos de la cena y estaba secándome las manos junto a la ventana. Extrañada de no oír el chirrido de las cuerdas ni el chasquido de las pinzas, me asomé. Y no vi nada.

No volví a pensar en ello hasta la noche siguiente. Era un olor distinto, más parecido al jazmín que al limón de las veces anteriores. Estaba leyendo cuando entró por la ventana y, durante unos minutos, recorrió el cuarto antes de disolverse. Levanté la vista del libro y respiré hondo. Ningún ruido. Qué extraño, pensé. En el centro de una manzana de cemento, de una ciudad enorme, lejos de cualquier jardín. Lejos del sur.




miércoles 22 de septiembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente
Hombre atormentado

Su madre era una mujer triste que dejó morir todos los geranios de la casa, uno a uno, bajo el temporal. Su padre era la tormenta.

Como todos los niños, aprendió a ser hombre imitando a su padre, siguiendo las enseñanzas de su madre.

Se convirtió en tormenta.

Ruge, golpea y triza las ventanas de las mujeres a las que ama.




jueves 23 de septiembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Me senté en la mesa de la esquina, como todos los miércoles. Pedí un té. El camarero tardó veinte minutos en regresar con una cocacola. Le he pedido un té, le dije. Disculpe, contestó. Como todos los miércoles.




viernes 24 de septiembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente
Incongruencias, olvidos

Eso lo aprendí la penúltima vez. Se me había olvidado. Una nunca deja de aprender. Aunque luego se le olvide.




lunes 27 de septiembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Propósito para el nuevo curso: plantar un árbol que será grande y hermoso, que dé flores en primavera, sombra en verano, frutos en otoño y sostenga entre sus brazos la nieve al llegar el invierno.




martes 28 de septiembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Un avión de raya ha partido el cielo en dos. A un lado del mundo, tú; al otro, yo.




miércoles 29 de septiembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Sentada en el sillón de orejas color burdeos, junto al balcón, la cabeza apoyada en la izquierda. Con el ojo izquierdo veo los tejados de las casas de enfrente bañados en la luz líquida del atardecer, y los quiebros que trazan en el aire, entre chillidos de excitación, las golondrinas. Un rayo de sol, reflejado en un cristal del otro lado de la calle, me ciega el ojo derecho.




jueves 30 de septiembre de 2004 • 08:40 Enlace permanente
Nostalgia de las sirenas

Cuando empezaba a enamorarse, soñó que miraba una piscina de agua muy transparente donde saltaban unas ballenas enormes y se despertó muy contenta. Un año después, a los tres meses de consumarse la ruptura, soñó con un estanque deagua limpia donde nadaban unos peces grandes y oscuros, y que decía: «Siento nostalgia de las sirenas». Y se despertó llorando. Finalmente, una noche soñó que las olas del mar llegaban hasta sus ventanas y que no tenía miedo.