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Textos: Berna Wang
Fotografías: Francisco Javier Garín Voxel Infográfica
Diseño: Joaquín Bernal Baara Estudio

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sábado 1 de mayo de 2004 • 00:00 Enlace permanente
Invitado: Gonzalo Rojas

«De niño aprendí solo, yo solo, que hay que mirar hacia delante y también hacia atrás al mismo tiempo y no tenerle miedo al miedo. Porque no se me da la sentencia preciosa del gran Elliot: “Te mostraré el miedo en un puñado de polvo.” No es para tanto, nunca es para tanto.»


Gonzalo Rojas, discurso del Premio Cervantes, 23 de abril del 2004




lunes 3 de mayo de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Observo.
Y reflexiono.
A veces actúo en consecuencia
y otras
me refugio en la oscuridad de las ideas,
como si respirar
–la cosa más fácil del mundo–
dependiera de la gravedad de mis pensamientos.




martes 4 de mayo de 2004 • 08:40 Enlace permanente

En torno a las tazas de café, entre risueñas y serias, hablamos de nuestros errores. Y mientras tanto, ellos correteaban a nuestros pies, como los niños y los perros, felices de que les prestásemos tanta atención.




miércoles 5 de mayo de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Tanto es tu miedo que sometes
toda la extensión de tu piel,
dolorosamente,
a los golpes.
Con la secreta esperanza de que nunca
alcancen tu corazón.




jueves 6 de mayo de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Repasé los apuntes una y otra vez, intentando encontrar ese párrafo que no entendía y que me causaba tanta confusión. Hasta que me di cuenta de que estaba buscando en el cuaderno equivocado.




viernes 7 de mayo de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Hace 19 años yo te llevaba conmigo
a todas partes.
El otro día fuiste tú
quien me llevó en su coche
hasta aquel restaurante.
Sigo estando tan orgullosa de ti, hijo.




lunes 10 de mayo de 2004 • 08:40 Enlace permanente

No he construido ninguna habitación especial para ti.
Tampoco cubres mi casa como un manto protector
o un escudo.
Simplemente te abro puertas y ventanas
para que puedas entrar y habitarla entera,
como el aire.




martes 11 de mayo de 2004 • 08:40 Enlace permanente
Inventario fútil de ofrendas absurdas

Un jarroncito barato azul y blanco,
una rosa amarilla de papel plegado,
una rama seca de lavanda.

Una planta en forma de estrella,
un cordón con bendiciones.

Y también
mi canica preferida (azul noche y dorada, como una aurora boreal)
dos caracolas
y una moneda antigua.




miércoles 12 de mayo de 2004 • 08:40 Enlace permanente
Felicidades

Ayer, por primera vez, tuve todo el día abiertas las ventanas de la casa. Y mientras estaba aquí, en el estudio, trabajando, y luego tumbada en el sofá leyendo, sentía los olores y los ruidos del patio y de la calle con una nitidez y una felicidad especiales.

Por la noche no bajé la persiana del dormitorio y esta mañana, al despertar, lo primero que he visto ha sido el cielo azul con nubes blancas y he vuelto a sentir esa felicidad.

A mediodía, cuando he ido a la compra, he estado varios minutos esperando a cruzar la calle. Hasta que me he dado cuenta de que hacía rato que no pasaba ningún coche. Era tan espléndida esa sensación de felicidad bajo el sol.




jueves 13 de mayo de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Como, duermo, trabajo, hago la compra, me ducho, veo a la gente a la que quiero, converso, sueño, leo, paseo, bailo. Lo único que me diferencia de algunas personas es que me doy cuenta de que no soy diferente de ellas. Y que no siento ninguna necesidad de diferenciarme de ellas a toda costa.




viernes 14 de mayo de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Entre lo que entendemos y lo que hacemos –entre la cabeza y el resto del cuerpo– está en primer lugar la garganta. Y si no aprendemos a tragar, y luego a hacer pacientemente la digestión, entender sólo sirve para llenarnos la boca y la garganta de amargura, para respirar cada vez con más dificultad y dolor. Para ahogarnos en nuestro propio vómito.




sábado 15 de mayo de 2004 • 00:00 Enlace permanente
Invitada: Myriam Ribes

«Detrás de cada montaña hay un valle […] Y hasta en el pico más alto se encuentran flores.»


Myriam Ribes
Publicado en la lista Escritura Creativa el 13 de mayo del 2004




lunes 17 de mayo de 2004 • 08:40 Enlace permanente
Metáforas

Hay metáforas-manopla, cómodas y útiles, y metáforas-guante, que se ajustan a la medida a cada dedo.




martes 18 de mayo de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Miro el jazmín:
este tiene seis pétalos
en vez de cinco.




miércoles 19 de mayo de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Hay cosas que prometí no volver a hacer
para protegerme del dolor.
Ahora que he vuelto a hacerlas
tengo tanto, tanto miedo.




jueves 20 de mayo de 2004 • 08:40 Enlace permanente
Mi más ferviente deseo

Que todo tu dolor no haya sido, ni sea, estéril.




jueves 20 de mayo de 2004 • 20:00 Enlace permanente
vela_encendida_por_todos_los_que_sufren

Por Kelsey Patterson




viernes 21 de mayo de 2004 • 08:40 Enlace permanente
Dumbo

Si, cuando se despertó aquella mañana, Dumbo se hubiera encontrado con una bandada de loros en lugar de cuervos, le habrían dado una pluma verde en lugar de una negra. Pero habría sido lo mismo: aunque no lo supiera, Dumbo ya podía volar.




sábado 22 de mayo de 2004 • 00:00 Enlace permanente
Invitado: Santiago M. Plasencia

La taza, de color azul marino, está llena de agua caliente. Flotan en ella cinco hojas de boldo.

Observo la perfección geométrica del azucarillo antes de dejarlo caer al fondo. Al instante empieza a expulsar hacia la superficie burbujas microscópicas. Puedo apreciar cómo sus contornos rectos se redondean con lentitud. Es como si un poderoso viento soplara desde arriba y provocara el desprendimiento de esas partículas blanquísimas que van cubriendo las zonas aledañas al bloque.

La pared norte es la más débil de este azucarillo. De ella se desprenden fragmentos de azúcar que se quiebran al chocar contra el fondo de la taza. Pero aun allí, no reposan, sino que consuman su degradación y contribuyen a crear esa alfombra resplandeciente que se extiende cada vez más hacia el este y el oeste.

Continúan emergiendo las burbujas. En la pared sur, la resistencia estructural es heroica: aún se distinguen con claridad las dos esquinas superiores, con sus fieros ángulos de noventa grados desafiando el poder disolutivo del líquido elemento. Los restos del cubo original se asemejan ahora a un pequeño animal invertebrado cuya respiración fuera consumiendo su menguado cuerpo: primero se hincha y hace refulgir los cristales de los que está formado; luego deja caer esos fragmentos por todos lados y, quebradizo, vuelve al reposo durante un instante para hincharse de nuevo, y así una y otra vez.

Dos minutos después de la inmersión no queda en pie más que la obstinada pared sur, que adelgaza de forma peligrosa e inexorable. Cuando parece imposible mantener por más tiempo el equilibrio, la estructura explota, ya blanda, en unos pocos pedazos. El fondo queda cubierto por una nieve triste, teñida de verde.

En la superficie, la tenue nube de espuma revela a los navegantes del boldo el lugar exacto del naufragio.

–¿Te gusta más el boldo natural o de bolsita? –le pregunto levantando la mirada de la taza.

No contesta: toma otro azucarillo, se lo pone en la boca, me rodea el cuello con los brazos y me besa durante dos minutos y medio.


Santiago M. Plasencia




domingo 23 de mayo de 2004 • 00:00 Enlace permanente
Invitado: Miguel Fuentes

Día claro

Hoy el día está alto y claro.
Una vez más.

Aunque las montañas ya no se oculten
tras las nubes
están igual de lejanas.

Hay bastante visibilidad,
la última tormenta lo ha dejado claro,
y sin embargo, las montañas están
demasiado altas.

Igual que antes.

Igual de lejanas.


Miguel Fuentes
Publicado en la lista Escritura Creativa el 19 de mayo del 2004




lunes 24 de mayo de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Después de todos estos años, el otro día conocí a alguien que hace lo mismo que yo: cuando tiene un sueño y sabe que está soñando, echa a volar.




martes 25 de mayo de 2004 • 08:40 Enlace permanente

Aún no había amanecido del todo. Se apagaron las farolas y por un instante sólo se oyeron mis pasos sobre la acera desierta y en penumbra. Y el canto de un millón de pájaros.




miércoles 26 de mayo de 2004 • 08:40 Enlace permanente
Despedida (I)

Dices, pienso: ojalá pudiéramos bailar sin más, volver a ser niños, desandar todo lo andado. Querernos sin más, sin pensar.

Pero eso no puede ser, mi amor. Mírame: ambos sabemos que tenemos demasiado miedo, que somos demasiado cobardes para sentarnos ahora a desanudar pacientemente uno a uno todos los errores que nos atan a nuestros fantasmas.




jueves 27 de mayo de 2004 • 08:40 Enlace permanente
Despedida (II)

Un traspiés, ganan ellos, y nos levantamos y ganamos nosotros, y otro traspiés y vuelven a ganar, y me das la mano y me levanto y yo te la doy y te levantas, y no nos rendimos. No nos rendimos, pero tampoco podremos ganar, amor mío.




viernes 28 de mayo de 2004 • 08:40 Enlace permanente
Despedida (III)

Ambos decidimos comprar nuestra salvación y huir de nosotros mismos. Desde entonces, y ya hace mucho de eso, tú vives en tu hermoso castillo y yo en mi acogedora guarida.




sábado 29 de mayo de 2004 • 00:00 Enlace permanente
Invitado: Mikel Laboa

Egoak ebaki banizkion Neurea izango zen
Ez zuen aldegingo
Baina horrela Etzen gehiago xoria izango
Eta nik xoria nuen maite.

Si le hubiera cortado las alas habría sido mía,
No se habría escapado.
Pero de ese modo no habría sido pájaro
y yo amaba a un pájaro.


Mikel Laboa (traducción de Fernando del Teso)
Publicado en la lista Escritura Creativa el 22 de mayo del 2004




domingo 30 de mayo de 2004 • 00:00 Enlace permanente
Invitado: Daniel Durán

Orientación

Harto de la situación, ayer compré una brújula y la he desmontado. Borré la N y en su lugar escribí tu nombre. Al volver a montarla, la aguja ha girado al menos tres veces hasta que ha quedado fija, apuntando hacia mí.


Daniel Durán, Galería de las sombras
Publicado en la lista Escritura Creativa el 26 de mayo del 2004




lunes 31 de mayo de 2004 • 08:40 Enlace permanente
Despedida (IV)

Coincidimos sólo un momento fugaz, tan breve que apenas existió. Un amanecer que cuando quisimos darnos cuenta ya era mediodía. Y tú ya estabas jugando al tenis, y yo haciendo la comida para mis hijas. Lo intentamos sin proponérnoslo. Así es la vida: uno, sin saber, planifica todo alrededor de sus miedos, y sus carencias. Luego la vida le hace un regalo tan maravilloso que es inverosímil y pasamos un tiempo golpeando el juguete contra el suelo para ver si se rompe, si es real o sólo un sueño. Y tanto miedo nos da que sea real que lo envolvemos con nuestra historia, con esa historia que nos hemos inventado para justificarnos, para explicarnos. Y aun así la vida puja y puja y sí hubo un momento fugaz, tan breve que apenas existió. Un momento en el que ambos dejamos de tener miedo, en que abandonamos nuestra cómoda rutina, en que nos pusimos, sin temor, en las manos del otro. Y florecimos. Pero ay, la rutina es más fuerte. Tu castillo, ése que te has construido para defenderte de ti mismo.

Y allí estás de nuevo, mirándome desde tu torre, con cariño, con algo de tristeza y de preocupación. Y yo dudo aún.

Ahora debería regresar a mi guarida. El fuego sigue encendido. O al menos quedarán rescoldos con los que volver a encenderlo: los amigos, los libros, las hijas. El trabajo, el discurrir de los días uno tras otro, suaves, sin sobresaltos. Sin miedo.