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Textos: Berna Wang
Fotografías: Francisco Javier Garín Voxel Infográfica
Diseño: Joaquín Bernal Baara Estudio

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jueves 1 de enero de 2004 • 00:00 Enlace permanente
Invitado: JdJ

Cambio de año

Me he levantado esta madrugada y, al abandonar la cama, el alma se me ha caído y se ha roto contra el suelo. Se ha partido con un chasquido leve y seco que, sin embargo, ha resonado en el silencio como una protesta.

Despacio, con paciencia de relojero, he ido recogiendo los trozos que se han desperdigado sobre el parqué. He amontonado sobre la cama recuerdos disímiles, odios larvados y esperanzas que me niego. Figuras muertas con otras de personas con las que hoy mismo desayunaré. Así expuesta, deshecha y falta de orden, mi alma me ha parecido el recuerdo de una vida inútil. He pasado buena parte de la noche reconstruyendo la frágil coherencia de ayer, encajando las piezas una por una, hasta volver a ser yo.

Despuntaba el sol cuando he terminado con la labor más ardua: reconstruir el pasado y el presente. Después ya sólo me ha quedado la labor de repegar las piezas de mi futuro imaginado. He recordado otras veces que se me rompió el alma, hace tiempo. Entonces aquella porción era más grande, mucho más grande.

Es por eso que me he prometido darle brillo.


JdJ
Publicado en la lista Escritura Creativa el 30 de diciembre del 2003




viernes 2 de enero de 2004 • 00:00 Enlace permanente
Invitado: Fabricio Zamora

El genio le preguntó a Alí qué pedía para el año nuevo. Alí respondió: «Quiero ser feliz.» El genio le dijo: «Por favor, pónmelo mas fácil. Dime que quieres ser el hombre más rico del mundo.»


Fabricio Zamora
Publicado en la lista Escritura Creativa el 31 de diciembre del 2003




sábado 3 de enero de 2004 • 00:00 Enlace permanente
Invitado: Antonio Pereira

Oración con mi cuerpo

Me desnudo.
Estreno una manera
De sentirme de sangre y no de ropas.
¿Cómo saber, si el frío los ataba,
la posible extensión de nuestro brazos?
Aquí me llama el mar hasta su boca,
Y el hombre aquel que se tendía oscuro
Desenreda su cuerpo y lo levanta
Lento de asombro hacia la luz hermosa.

Hoy rezo con mi cuerpo, por mi cuerpo,
Tan cercano de mí, tan fiel y amigo,
Verdad a la que toco y que me toca.


Antonio Pereira
Publicado por Eduardo de Benito en la lista Escritura Creativa el 1 de enero del 2004




lunes 5 de enero de 2004 • 08:40 Enlace permanente
El mundo gira (I)

Existe un cruce de calles en Pekín donde, un domingo de julio por la tarde, sentí girar el mundo. Un empinado puente de piedra cruza el canal. Al otro lado baja una callejuela flanqueada por puestos de comida cuyos olores y humos envuelven a dueños, clientes y viandantes. Mientras bebía té verde frío de una botella, vi cómo un ciclista perdió el control al bajar del puente y estuvo a punto de estrellarse contra el primer puesto, donde un hombre vestido con una camiseta de tirantes, pantalones cortos de tela fina de algodón y chancletas comía, de pie, un tazón de sopa de fideos. Al otro lado de la calle, una mujer vendía unas verduras colocadas sobre un trozo de tela, en el suelo. Junto a ella, una joven menuda barría despacio, con una escoba de paja, la alfombra roja que cubría los escalones de entrada de un restaurante. En ese momento, otra joven vestida con un chipao rojo, perfectamente peinada y maquillada, atravesó el puente a pie llevando de la mano su bicicleta y se detuvo al otro lado, en un puesto de comida, para conversar con la dueña. Pasaban coches, niños, madres, taxis rojos, ancianos, furgonetas, una bicicleta con un remolque cargado de bidones de agua. Durante unos momentos que condensaron la eternidad del tiempo, con la espalda apoyada en el pretil del puentecillo, vi cómo giraba el mundo.




martes 6 de enero de 2004 • 08:40 Enlace permanente
El mundo gira (II)

Un sofocante mediodía de agosto, acuclillada como los chinos en el anillo externo del último piso de la pagoda de Anqing, contemplé el sol y su reflejo sobre la piel arrugada del río Chang Jiang, el paso lento de un gran barco de pasajeros, los tejados de la ciudad y los patios del antiguo templo budista, y volví a sentir que el mundo giraba. Los tejados eran ásperos y grises, de un gris cansado y opaco, y cada fila de tejas estaba rematada, como
todos los tejados chinos, con un adorno redondeado con motivos geométricos, tal vez vegetales. Me contaron que Anqing tiene forma de barco, y la pagoda junto al río es el palo mayor. Durante su construcción, hace varios cientos de años, enterraron bajo sus cimientos a los malos espíritus, y mientras la pagoda permanezca en pie la ciudad estará a salvo de las crecidas del río.




miércoles 7 de enero de 2004 • 08:40 Enlace permanente
El mundo gira (III)

Llegué a Mogarraz en septiembre y las tejas eran de color rojo en lugar de grises. Vista desde la Peña de Francia al atardecer, la sierra se parecía, con Gredos al fondo, a las montañas donde serpentea la Gran Muralla. Una mañana, en el tendal de la Casa de la Fuente Arriba, mientras las cortinas de lino blanco se movían con el aire como las velas de un barco, lo sentí de nuevo. Sentada frente al cielo y la sierra, oí abajo en la calle el agua que caía en la fuente, el rebuzno de un burro y las voces de los vecinos que hablaban con esa dulzura sorprendente en la pronunciación de la letra jota. El mundo volvió a girar.

Luego se detuvo un mediodía y todo cambió.




jueves 8 de enero de 2004 • 08:40 Enlace permanente
El mundo gira (y IV)

Pero hoy, al caer la tarde, tendida sobre las sábanas arrugadas junto al hombre a quien amo, he oído el rodar desganado de un cubo de basura. Ha pasado el autobús. Alguien ha bajado una persiana anticipando la noche. Y supe que la gente seguirá pasando por ese cruce de calles de Pekín, que la pagoda de Anqing se mantendrá en pie y que en Mogarraz empezará la vendimia, como todos los años, el doce de octubre. Que pronto llegará el frío y haremos el amor bajo el edredón. Y que el mundo seguirá girando.


Publicado originalmente en La Insignia el 3 de octubre del 2001




viernes 9 de enero de 2004 • 04:40 Enlace permanente

Los bancos junto al Támesis
llevan cada uno escrito
el nombre de un muerto
en el respaldo.
Pasan los barcos con macetas de colores,
florecidas.
Pasan los cisnes
y los niños,
los perros y los viejos.
Camino despacio,
leyendo
uno a uno los nombres de todos los muertos
junto al Támesis.


(De Pequeños accidentes caseros)




sábado 10 de enero de 2004 • 00:00 Enlace permanente
Invitado: Purranki Sandongui

Chap chop

Por tenue que sea nuestra tela, lo cierto es que tejemos. Nuestros alocados rumbos pintan sobre el azul tapete la caligrafía del desatino. Lo minúsculo de nuestra tragedia no nos enaltece. Aunque el hosco destino del Nuestra Señora de Getxu sea el de perecer, el de disolverse. No es la nuestra una muerte a medida, sino el calco inútil de tantas otras muertes que de seguro alfombran el vientre rojo del mar.

Purranki Sandongui, _El potadero de Bleturge_




domingo 11 de enero de 2004 • 00:00 Enlace permanente
Invitado: TS Eliot

El primer coro de la roca

Se cierne el águila en la cumbre del cielo,
El cazador y la jauría cumplen su círculo.
¡Oh revolución incesante de configuradas estrellas!
¡Oh perpetuo recurso de estaciones determinadas!
¡Oh mundo del estío y del otoño, de muerte y nacimiento!
El infinito ciclo de las ideas y de los actos,
infinita invención, experimento infinito,
Trae conocimiento de la movilidad, pero no de la quietud;
Conocimiento del habla, pero no del silencio;
Conocimiento de las palabras e ignorancia de la Palabra.
Todo nuestro conocimiento nos acerca a nuestra ignorancia,
Toda nuestra ignorancia nos acerca a la muerte,
Pero la cercanía de la muerte no nos acerca a Dios.
¿Dónde está la vida que hemos perdido en vivir?
¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información?
Los ciclos celestiales en veinte siglos
Nos apartan de Dios y nos aproximan al polvo.


TS Eliot. Traducción de J.L. Borges

Publicado por Sergio Borao Llop en sbllop el 4 de enero del 2004




lunes 12 de enero de 2004 • 09:40 Enlace permanente

Algunos mendigos de Nueva York
–acabo de leer con asombro–
les sacan los ojos a sus perros
para que no los abandonen.

Es más difícil
hacerse acompañar solamente de perros ciegos
de nacimiento
y eso es lo que tú haces.


(De Pequeños accidentes caseros)




martes 13 de enero de 2004 • 09:40 Enlace permanente

Sucede a veces que confundo lo imposible con lo que yo no sé hacer.

Otras veces sé que, aunque yo no sepa hacerlo, no es imposible.


(Gracias a Jordi Minguell)




miércoles 14 de enero de 2004 • 09:40 Enlace permanente

Miro el cadáver. En el párpado izquierdo lleva tatuada esta frase: “Someterse”. Y en el derecho, esta otra: “Tener”. Cuando empezó a desear, le enseñaron que lo importante era tener y que nunca, jamás se lo cuestionase. Un día de mucho sol abrió el ojo derecho y vio que no tenía nada. Aterrorizado, volvió a cerrar el ojo con fuerza. Hay huellas de lágrimas en sus mejillas.




jueves 15 de enero de 2004 • 09:40 Enlace permanente

Sientes, piensas, escoges las palabras.
Tomas el lápiz y escribes sobre una hoja en blanco,
corriges.

Tomo la hoja escrita y leo.
Descifro el sonido de los signos, pienso,
siento.

En cambio, cuando me hablas
el aire vibra con el sonido de tu voz.

El mismo aire que sale de tu boca
entra en mis oídos.

Tu voz reverbera dentro de mí.




viernes 16 de enero de 2004 • 09:40 Enlace permanente

Según la tradición budista tibetana, un tulku es un lama reencarnado que en su infancia, en lugar de aprender desde cero, como los demás niños, recuerda lo que ya había aprendido en su vida anterior.

Los padres de cualquier tradición vivimos un milagro parecido en una sola vida: volvemos a presenciar la creación del mundo, y a aprender qué es, a través de los ojos asombrados de nuestros hijos, desde nuestra experiencia y nuestros conocimientos de adultos.




sábado 17 de enero de 2004 • 00:00 Enlace permanente
Invitado: Carlos Drummond de Andrade

Búsqueda de la poesía

No hagas versos sobre acontecimientos.
No hay creación ni muerte ante la poesía.
Frente a ella, la vida es un sol estático,
no calienta ni ilumina.
Las afinidades, los aniversarios, los incidentes personales no cuentan.
No hagas poesía con el cuerpo,
ese excelente, completo y confortable cuerpo, tan adverso a la efusión lírica.
Tu gota de bilis, tu mueca de gozo o de dolor en la oscuridad
son indiferentes.
Ni me reveles tus sentimientos,
que se aprovechan del equívoco e intentan el largo viaje.
Lo que piensas y sientes, eso aún no es poesía.

No cantes a tu ciudad, déjala en paz.
El canto no es el movimiento de las máquinas ni el secreto de las casas
No es música oída al pasar; rumor del mar en las calles junto a la línea de espuma

El canto no es la naturaleza
ni los hombres en sociedad.
Para él, lluvia y noche, fatiga y esperanza nada significan.
La poesía (no saques poesía de las cosas)
elide sujeto y objeto.

No dramatices, no invoques,
no indagues. No pierdas el tiempo en mentir.
No te enfades.
Tu yate de marfil, tu zapato de diamante,
vuestras mazurcas e ilusiones, vuestros esqueletos de familia
desaparecen en la curva del tiempo, son algo inútil.

No recompongas
tu sepultada y melancólica infancia.
No osciles entre el espejo y la
memoria en disipación.
¿Que se disipó?, no era poesía.
¿Que se rompió?, cristal no era.

Penetra sordamente en el reino de las palabras.
Allí están los poemas que esperan ser escritos.
Están paralizados, pero no hay desesperación,
hay calma y frescura en la superficie intacta.
Hélos solos y mudos, en estado de diccionario.
Convive con tus poemas antes de escribirlos.
Ten paciencia, si oscuros. Calma, si te provocan.
Espera que cada uno se realice y se consume
con su poder de palabra
y su poder de silencio.
No fuerces al poema a desprenderse del limbo.
No cojas del suelo el poema que se ha perdido.
No adules al poema. Acéptalo.
como él aceptará su forma definitiva y concentrada
en el espacio.

Acércate más y contempla las palabras.
Cada una
tiene mil rostros secretos bajo la faz neutra
y te pregunta, sin interés por la respuesta,
pobre o terrible, que pudieras darle:
¿Trajiste la llave?

Observa:
yermas de melodías y conceptos
se refugiaron en la noche, las palabras.
Todavía húmedas, impregnadas de sueño,
ruedan en un río difícil y se transforman en desprecio.

De A rosa do povo (1945)


Carlos Drummond de Andrade
Traducción de Rodolfo Mata y Regina Crespo

(gracias a Vae victis)




domingo 18 de enero de 2004 • 00:00 Enlace permanente
Invitada: Alejandra Pizarnik

La palabra que sana

Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa.

Alejandra Pizarnik
Publicado por Zifar en la lista Escritura Creativa el 4 de enero del 2004




lunes 19 de enero de 2004 • 09:40 Enlace permanente

El árbol –enorme– agita
todas sus ramas con la torpe gracia
de los gigantes.
Tocado por el sol de la tarde,
tras los cristales.


(De Pequeños accidentes caseros)




martes 20 de enero de 2004 • 09:40 Enlace permanente

A Jaime Miralles Álvarez, in memoriam

Quizá la muerte sea una llamada perdida
en el teléfono móvil,
salir sin abrigo a la puerta del bar,
marcar un número y escuchar la noticia,
llorar sin ruido y con los ojos abiertos
apoyada en la pared
mientras dentro los amigos siguen hablando
a la luz de una copa de vino.

O tal vez no es más que una calle vacía
un domingo a medianoche,
tiendas cerradas, bares oscuros.
Mensajes en el móvil que me acompañan
en la perplejidad de una noche no obstante tan hermosa.

A lo mejor la muerte es llegar a casa,
mirar la vieja cometa que es un águila real
con las alas de seda rasgadas
-igual que la miré hace nueve días, cuando me dijeron
que la muerte venía a buscarte-
y saber
que, como el águila, estabas muy cansado.

Mi perro gime y me mira, febril.

Ya sé: seguramente la muerte no es más que unos días de espera.

Y después
un beso de despedida.

Y después
nada.




miércoles 21 de enero de 2004 • 09:40 Enlace permanente

Bajo la capa de la rebeldía extrema asoma el rostro exhausto
del esclavo que grita su dolor.

Que no sabe
que toda su ira
es inútil.

Que la llave
sólo la tiene él.




jueves 22 de enero de 2004 • 09:40 Enlace permanente
Buenos deseos para el año nuevo

Que sepas a dónde vas
y también cómo quieres ir.

Que puedas refugiarte bajo el árbol más grande
y gozar de la sombra del más pequeño.

Que no te venza el desaliento
y tengas siempre la fortuna
de que confluyan
deseo y voluntad,
ocasión y fuerza.

Que no tengas miedo.




viernes 23 de enero de 2004 • 09:40 Enlace permanente

Hay quien dice que me río demasiado.
Pero, ¿quién no reiría al sentir el sol en la piel
incluso cuando llueve?




sábado 24 de enero de 2004 • 00:00 Enlace permanente
Invitada: Clara Janés

Diez líneas para mí misma

Son consejos sutiles para la escritura. Útiles también, en extremo, para
todos aquellos que, de hecho, van descarriados y creen que se trata de
hacer gestos ampulosos con las palabras. A mí me alientan día a día en mi
extraño quehacer de funámbulo. Son versos de un poeta cuyo nombre callo,
dejando para el lector la aventura de averiguarlo: “Entonces me dije:/ Los
únicos poetas que me interesan/ son los que llevan cuidadosamente/ con
manos nerviosas/ un cuenco lleno de sangre/ en el que ha caído una gota
de leche/ o un cuenco lleno de leche/ en el que ha caído una gota de
sangre. / Ahora ya he visto, ahora quiero ver/ el firme asimiento de un
cuenco lleno hasta los bordes/ de agua de manantial.”


Clara Janés
Publicado en Vae victis el 9 de enero del 2004




domingo 25 de enero de 2004 • 00:00 Enlace permanente
Invitado: Fabricio Zamora

Morir

Desde hacía un año venía diciendo que su ilusión era celebrar sus bodas de oro, que serían en mayo. “Mi mujer se lo merece. Es lo mejor que me ha pasado”, decía. A comienzos de noviembre hizo la reserva en un restaurante nuevo al borde del mar. Pagó un adelanto de 15.000 pesos y pidió que ese día de postre sirvieran una gran tarta de nata y colocaran cinco grandes velas rojas encima: una por cada década juntos. El 30 de diciembre le dio el ataque. En el hospital lograron estabilizarle, pero estaba claro que se moría.

Cuando se han tenido ocho hijos no resulta fácil congregarlos a todos. No fue hasta el cinco de enero que todos, menos la que se había ido a trabajar a Taiwán, pudieron reunirse. Esa noche la esposa y los hijos se reunieron en un restaurante nuevo, que se parecía mucho al que él había reservado, pero que no estaba al borde del mar.

Durante la cena hicieron planes para el futuro. Había que fijar cómo se organizaría el entierro y quién se ocuparía de cada cosa. Alguien dijo: “La mente de papá sigue luchando por vivir, pero su cuerpo está muerto”. Todos estuvieron de acuerdo en que había que ayudarle a partir. Decidieron que cada uno entraría en la habitación y le diría que todo estaba bien, que se ocuparían de mamá y que podía morir en paz, que había sido un buen padre y que merecía descansar. Después entrarían los siete hermanos en la habitación y le desearían unas felices bodas de oro. Una vez que hubieron acordado eso, empezaron a recordar tiempos pasados y se olvidaron del reloj y los camareros tuvieron que rogarles que se marcharan porque iban a cerrar.

Al día siguiente se reunieron en el hospital y cada uno le habló cinco minutos al padre y luego todos juntos le desearon felices bodas de oro y la hija que tocaba la guitarra interpretó una canción muy antigua de Lita Madrigal, que era la misma que había sonado el día de la boda. Todos cantaron la canción, aunque ninguno se conocía la letra entera.

Dos días después, temprano por la mañana, el padre murió. Ese día a la hija que estaba en Taiwán, mientras se dirigía al trabajo, le salió al paso un perro negro. Se le acercó y le lamió la mano. La fue siguiendo hasta su oficina. Cuando fue a entrar, ella se volvió un momento para echar una última mirada a ese extraño perro, pero el perro ya había desaparecido.


Fabricio Zamora
Publicado en la lista Escritura Creativa el 13 de enero del 2004




lunes 26 de enero de 2004 • 09:40 Enlace permanente

He llegado hasta el mar
después de un largo viaje
y he visto con alivio
que también el mar
está dentro de mí.


(De Pequeños accidentes caseros)




martes 27 de enero de 2004 • 09:40 Enlace permanente
Estas mañanas de enero

Me pongo un pantalón ancho,
una camiseta suave,
un jersey que abrigue.

Me recojo el pelo.

Así me hago invisible para los hombres
y de esta guisa empiezo la jornada.

Pero antes
me perfumo los lóbulos de las orejas
con unas gotas de mi perfume favorito.


(De Pequeños accidentes caseros)




miércoles 28 de enero de 2004 • 09:40 Enlace permanente

Me reprochaste: «tengo una herida
y nunca has querido verla».
¿Cómo, si me devorabas con ella?


(De Pequeños accidentes caseros)




jueves 29 de enero de 2004 • 09:40 Enlace permanente

He dormido con la ventana abierta
y de madrugada
el viento ha cubierto mis sábanas
de hojas secas.


(De Pequeños accidentes caseros)




viernes 30 de enero de 2004 • 09:40 Enlace permanente
Del invierno

Vida de asceta
la que llevo últimamente:
ayuno porque no tengo hambre,
hago abstinencia
porque no tengo con quién;
y rezo
para que este tiempo acabe
de una vez.


(De Pequeños accidentes caseros)




sábado 31 de enero de 2004 • 00:00 Enlace permanente
Invitado: Julio Cortázar

No hay discurso del método, hermano,
todos los mapas mienten salvo el del
corazón, pero dónde está el norte en este
corazón vuelto a los rumbos de la vida,
dónde el oeste, dónde el sur…


Julio Cortázar
2004: Año Internacional de Julio Cortázar (gracias a Dani Durán)