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Textos: Berna Wang
Fotografías: Francisco Javier Garín Voxel Infográfica
Diseño: Joaquín Bernal Baara Estudio

Creative Commons © 2003 y años sucesivos, Berna Wang, bajo una licencia Creative Commons, excepto los textos citados, que son propiedad de sus respectivos autores.

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lunes 1 de diciembre de 2003 • 08:40 Enlace permanente

Miré el reloj cuando salí del portal y comprobé que iba a llegar tarde. Mientras esperaba el metro, impaciente, volví a mirarlo. Entonces caí en la cuenta de que, en realidad, daba lo mismo saber qué hora era: yo había decidido cuándo salir de casa, pero la hora a la que llegase el tren no dependía de mí. Y si llegaba tarde, no sería por culpa del metro.




martes 2 de diciembre de 2003 • 08:40 Enlace permanente

He pasado el fin de semana fuera
y al llegar he sabido
que Maribel se ha marchado a su isla,
que Cristina está en el hospital,
que Manolo ha encontrado novia
y que Gulliver ha muerto.

¿Qué cosas sucederán si me marcho todo el mes?




miércoles 3 de diciembre de 2003 • 08:40 Enlace permanente

Hacía tanto, tanto tiempo que nadie me miraba con los ojos húmedos,
llenos de compasión,
que se me había olvidado que yo también podía sentirla.




jueves 4 de diciembre de 2003 • 08:40 Enlace permanente

No hace falta esperar a que el péndulo haga todo el recorrido hasta el otro extremo para llegar al centro.

No hace ninguna falta llegar al final del camino erróneo para darse la vuelta y retomar el camino que queremos hacer.

Tenemos tan poco tiempo.




viernes 5 de diciembre de 2003 • 08:40 Enlace permanente

Salí del baño
dejándome la luz encendida.
Volví para apagarla.

Así el lunes
–salí del baño–
y el martes
–dejándome la luz encendida–
y el miércoles
–volví para apagarla–.
y el jueves
–salí del baño–.

El viernes compré un espejo.
Lo puse.
Me vi.
Me miré.

Luego salí del baño
y apagué la luz.




sábado 6 de diciembre de 2003 • 00:00 Enlace permanente
Invitado: Fabricio Zamora

Algunas rimas que me ha enseñado la paternidad

La paternidad me ha enseñado que el pato Feldespato es un pazguato, que el elefante cargante es de Alicante y que la vaca Paca va y te ataca. También me ha enseñado que lo único que rima (y malamente) con dinosaurio es Braulio. Y que no hay nada que hacer con Triceratops.


Fabricio Zamora
Publicado en la lista Escritura Creativa el 5 de diciembre del 2003




domingo 7 de diciembre de 2003 • 15:15 Enlace permanente

«¿Cómo evitar que una gota de agua se evapore?»


Samsara




lunes 8 de diciembre de 2003 • 08:40 Enlace permanente
Todos menos Raúl

Se despertaron todos menos Raúl. Estaba en el rincón, envuelto en la manta de cuadros y no se movía. «Esta muerto», musitó Marta. Se miraron asustados y decidieron meterse otro chute. Poco a poco, se adormecieron otra vez. Al cabo de tres horas se despertaron todos menos Raúl. Seguía en el rincón, envuelto en la manta de cuadros; no se había movido. «Está muerto», musitó Marta. Se miraron asustados y decidieron meterse otro chute. Poco a poco, se adormecieron de nuevo. Dos horas después se despertaron todos menos Raúl. En el rincón, envuelto en la manta de cuadros, no había cambiado de postura. «Está muerto», musitó Marta. Se miraron.


Publicado originalmente en La Insignia el 22 de abril del 2002




martes 9 de diciembre de 2003 • 08:40 Enlace permanente
El gato muerto

Hoy en el parque, en medio del rectángulo de hierba que rodea la estatua del general, he visto un gato muerto. Un bulto de pelo blanco y negro. Junto a él, una hoja de papel amarillento doblada en cuatro. Estaba muerto el gato: a su alrededor volaban las moscas en círculos. Y no se movía. Sobre el césped sólo se agitaba, con la brisa, la hoja de papel.

He pasado delante dos veces sin atreverme a acercarme. Pero después de la segunda, no he podido resistirlo: he vuelto sobre mis pasos, he mirado a uno y otro lado por si me veía alguien, y me he metido en la hierba, decidida. Luego me he agachado, he cogido el papel y lo he desdoblado con manos temblorosas.

Y he visto que sólo era una factura.


Publicado originalmente en La Insignia el 3 de mayo del 2002




miércoles 10 de diciembre de 2003 • 08:40 Enlace permanente
Corazones de limón

Para Maribel Lacave

Se la ve tan joven: de pie, con ese vestido amarillo sin mangas, gotas de sudor en la sien. Acaba de volver de la cárcel. Como todas las semanas, ha traído a casa el paquete de la ropa sucia. Plancha, y la plancha incandescente como su corazón tan joven va revelando palabras tan dulces escritas con el jugo amargo del limón. Sobre un papel que cruje. En una tarde sin viento. Corazones de limón. Tan jóvenes.


Publicado originalmente en La Insignia el 22 de mayo del 2002




jueves 11 de diciembre de 2003 • 08:40 Enlace permanente
Paso a dos

Me alejo con paso cansado. Cada noche de silencio un paso. Cada mañana dos pasos más. Al levantarme abro la ventana para que entre el aire y se lleve los sueños. Todos los sueños. Me alejo tres pasos más de ti por cada sueño que se va con el viento.

Miro deliberadamente y con firmeza hacia otra parte, finjo que no te veo y me alejo otros cuatro pasos. No te doy los buenos días y ya son cinco. Tampoco las buenas noches; son otros seis.

Quiero saber cómo es la vida sin ti. Acostumbrarme a la lejanía que más temprano que tarde me herirá. Lo digo en voz alta. Miro hacia otro lado. Finjo que no oigo tus reproches. Siete pasos. Tampoco tus lamentos. Ocho. Ni las historias que inventas para que nos duela menos la ausencia o para hacerme reír. Nueve.

Miro en todas las direcciones menos en aquella donde estás tú. Me alejo con paso cansado.

Intento hacerte daño, y con cada palabra cruel que te digo son diez pasos los que me alejo de ti.

Cuántos pasos faltan, me pregunto exhausta y casi ciega de llorar, cuando siento un roce a mi derecha y me vuelvo. Y compruebo que, paso a paso, has seguido a mi lado.


Publicado originalmente en La Insignia el 30 de mayo del 2002




viernes 12 de diciembre de 2003 • 08:40 Enlace permanente
El fin de la tristeza

A Cris López

«Tristeza não tem fin,
felicidade sim.»
Vinicius de Moraes

Se dejó caer con un suspiro de alivio en el sillón de plástico rojo.

Le dolía el cuerpo de tanto llorar y cuando la peluquera le pidió que alzara la cabeza, vio en el espejo unos párpados hinchados y enrojecidos y una mirada tan perpleja que casi no se reconoció. Habían pasado dos días, empezaba a pensar que el dolor la acompañaría siempre.

La peluquera peinó, estiró y sujetó el pelo con mano firme. Ella
cerró los ojos y sintió la tensión y cómo se aflojaba luego de derecha a izquierda, al ritmo metálico que marcaban las tijeras abriéndose y cerrándose, rápidas y sonoras, sobre el pelo mojado. Después se hizo el silencio, abrió los ojos y la peluquera le enseñó la mata de pelo negro, largo, brillante y húmedo.

Como lavado con sus lágrimas, pensó ella, triste aún.

–¿Lo quiere guardar de recuerdo? –oyó.

Y entonces respondió, casi sin querer:

–No, gracias. No hace falta. Volverá a crecer.

Y sonrió.


Publicado originalmente en La Insignia el 27 de julio del 2002




lunes 15 de diciembre de 2003 • 08:40 Enlace permanente
Como un globo azul

Cuando se despertó, una enfermera le estaba pinchando una vena en el dorso de la mano para conectarla a un gotero. «¿Qué me están haciendo?», preguntó con un hilo de voz. «Has tenido suerte, guapa: si en vez de noventa kilos llegas a pesar cincuenta, no estarías aquí. Ya te hemos vaciado el estómago y ahora te estamos poniendo Surbitón Complex y suero salino.» «Pero no me han sacado la tristeza», alcanzó a pensar antes de dormirse de nuevo.

Estuvo tres días semiinconsciente, unida a la vida sólo por el delgado tubo de goma que salía de aquel aparato y que iba introduciendo gota a gota el Surbitón en su cuerpo. Tan débil que ni siquiera intentó arrancarse el tubo. Por fin, al cuarto día apagaron el gotero y quitaron el tubo de goma de la aguja que tenía en el dorso de la mano. Pero, «por si acaso hace falta, te dejamos la vía abierta», y le dejaron puesta la aguja con el tubito de plástico rígido y un tapón rojo, como los de los flotadores.

Nadie pensó que volviera a intentarlo tan pronto. En realidad, nadie pensó que tratara de suicidarse en una sala de cuidados intensivos, sometida a vigilancia casi permanente. Pero esa noche, en un momento en que la enfermera no estaba a la vista, se quitó el tapón. Y se deshinchó como un globo, de golpe, rebotando furiosamente en las paredes de la habitación hasta quedarse debajo de la mesilla.

Como un globo azul, pequeño, arrugado, vacío.


Relato perteneciente a la Revolución del Surbitón de la lista Escritura Creativa. Reproducido en el número 8 del boletín de medicina y traducción Panacea y en La Insignia el 14 de agosto del 2002




martes 16 de diciembre de 2003 • 08:40 Enlace permanente
Destino

Edipo murió ciego. Convencido de su fortuna por haberse salvado en la infancia del atroz destino de ser devorado por las fieras en el monte Citerón.


Publicado originalmente en La Insignia el 7 de enero del 2003




miércoles 17 de diciembre de 2003 • 08:40 Enlace permanente
Tarde

Sentados frente a frente en el restaurante del hotel, ella alza la mirada y la deja vagar, distraída, por las mesas.

Él apoya un codo sobre la mesa, cierra los párpados, se acaricia una ceja y hace un gesto con la boca.

Ella le mira entonces, pero es tarde. No sabe si ha sido un amago de sonrisa o una mueca de dolor.


Publicado originalmente en La Insignia el 7 de enero del 2003




jueves 18 de diciembre de 2003 • 08:40 Enlace permanente
Venganza

Dentro de veinticinco años, un libro de Ernesto Cardenal llegará a tus manos y leerás:

«Ésta será mi venganza:

Que un día llegue a tus manos el libro de un poeta

famoso

y leas estas líneas que el autor escribió para ti

y tú no lo sepas.»

Y sonreirás con amargura, porque tú llevas veinticinco años buscando uno a uno en los libros del poeta famoso esas líneas que el autor nunca te escribió. Sabiéndolo.


Publicado originalmente en La Insignia el 7 de enero del 2003




viernes 19 de diciembre de 2003 • 08:40 Enlace permanente
Castigados de cara a la pared

Entre la espalda y la pared,
el miedo.




domingo 21 de diciembre de 2003 • 01:48 Enlace permanente
Invitado: José Ángel Valente

Salmodia de la buenahombría

Bendito sea el domingo.

El dulce pan de los pobres
y el amargo pan de los ricos.

El que tiene un amigo: bendito.
Y el que lo ha traicionado (éste
más bendición necesita): bendito.

Bendito el que ha encontrado
camino;
el que lo busca y nunca
lo encontrará: bendito.

Bendito el que tiene un hijo;
y el que tiene
un río
porque tiene
menos: bendito.

Bendito el vino
alegre, la fiesta
y el padrino.

Bendito el corazón
de Dios, ancho como el domingo.


José Ángel Valente
Publicado por Eduardo en la lista Escritura Creativa el 20 de diciembre del 2003.




lunes 22 de diciembre de 2003 • 08:40 Enlace permanente
Terra incógnita

Un día sabes
–o crees saber–
y dibujas un mapa.

A veces aciertas
y todo –las fuentes, los montes, las cuevas– está en su lugar.

Otras veces te pierdes en un laberinto
de grandes espacios en blanco.

Pero sigues caminando.

Y un día sabes
–o crees saber–
y dibujas un mapa.




martes 23 de diciembre de 2003 • 08:40 Enlace permanente
La estación, el mar

Algunas noches se sentía muy cansada. Entonces se iba a caminar por el paseo que desembocaba en la estación de tren. Y se imaginaba que al final de la calle, en la oscuridad, detrás del pequeño edificio, en lugar de las vías estaba el mar.




miércoles 24 de diciembre de 2003 • 08:40 Enlace permanente
Invitado: Bertold Brecht

Satisfacciones

La primera mirada por la ventana al despertarse, el viejo libro vuelto a encontrar, rostros entusiasmados, nieve, el cambio de las estaciones, el periódico, el perro, la dialéctica, ducharse, nadar, música antigua, zapatos cómodos, comprender, música nueva, escribir, plantar, viajar, cantar, ser amable.


Bertold Brecht
Publicado en la lista Apuntes el 20 de diciembre del 2003




jueves 25 de diciembre de 2003 • 08:40 Enlace permanente
Invitados: Arlen y Harburg



Over the Rainbow

Gracias a José Diego.




jueves 25 de diciembre de 2003 • 14:28 Enlace permanente

Asun y Julia [foto: Iñaki]



viernes 26 de diciembre de 2003 • 08:40 Enlace permanente
Invitado: Juan Ramón Jiménez

Yo no soy yo.
Soy este
que va a mi lado sin yo verlo;
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces, olvido.
El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pie cuando yo muera.


Juan Ramón Jiménez
Publicado por Xavi en El club de los pájaros mojados el 18 de diciembre del 2003




lunes 29 de diciembre de 2003 • 08:40 Enlace permanente

No recordaba haber estado ahí jamás
ni cuándo me había marchado.
Pero al llegar mi corazón me dijo
que por fin había regresado a casa.




martes 30 de diciembre de 2003 • 08:40 Enlace permanente

Deja quieta la botella
al sol.
No la agites más.
Que todas las partículas hagan poso
y no enturbien el agua.




miércoles 31 de diciembre de 2003 • 08:40 Enlace permanente
Invitado: Fabricio Zamora

En el parque veo un gato. En mitad del césped hay un par de pájaros. El gato se agacha, se pone en posición de acecho. Comienza a acercarse taimadamente a los pájaros. De pronto se detiene y se pone a lamerse el culo. Los pájaros echan a volar.

Moraleja: No vayas a cazar sin haberte antes limpiado el culo.


Fabricio Zamora
Publicado en la lista Escritura Creativa el 26 de diciembre del 2003