Aunque parezca extraño, estas miradas primero se oyen. En el programa Música es 3 (Radio 3), de lunes a viernes, entre las ocho y las diez de la mañana. Y luego se pueden leer aquí, a partir de esa hora.
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Pequeños accidentes caseros
Pequeños accidentes caseros
Berna Wang





Ed. adamaRamada Ediciones
Primera edición, octubre 2004
ISBN: 84-934056-0-4
Creditos
Textos: Berna Wang
Fotografías: Francisco Javier Garín Voxel Infográfica
Diseño: Joaquín Bernal Baara Estudio

Creative Commons © 2003 y años sucesivos, Berna Wang, bajo una licencia Creative Commons, excepto los textos citados, que son propiedad de sus respectivos autores.

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lunes 1 de septiembre de 2008 • 00:00 Enlace permanente
Please, let me go

Entre el ruido de las conversaciones, sonó de pronto el piano de Bill Evans: Never let me go. Me acerqué despacio a la mesa y dejé sobre el mantel rojo mi copa vacía. Y me marché sin despedirme. ¿Para qué, si tarde o temprano nos reencontraríamos? Salí al silencio de la noche tarareando, sonriente: please, let me go.


Es tiempo de cambios y nuevos proyectos. El primero es cerrar este como es debido: La mirada oblicua deja de emitirse en Radio 3 y también deja de publicarse, a partir de hoy, 1 de septiembre. Dedicaré parte de este mes a seleccionar los textos que formarán parte de La mirada oblicua (el libro) que publicará adamaRamada y que, con prólogo de Lara López, esperamos presentar en Madrid, en la librería Tres rosas amarillas, a mediados de noviembre.

Seguiré escribiendo (no puedo evitarlo) y abriré un nuevo blog; todavía no sé cuándo. En cualquier caso, estoy segura de que, tarde o temprano, nos reencontraremos: aquí, ahí, en la calle.


84 comentarios




viernes 1 de agosto de 2008 • 09:30 Enlace permanente

En la palma de tu sombra me cantaste una canción.
Renacido
de entre las brasas.




jueves 31 de julio de 2008 • 09:30 Enlace permanente

El libro se abre blandamente.

Se queda abierto sobre la mesa
sin necesidad de poner nada sobre sus páginas.

Blan

da

men

te.




miércoles 30 de julio de 2008 • 09:30 Enlace permanente
Gracias

Por el mercado y su suelo de agua dulce,
la cocina al sol,
la tabla y el cuchillo,
la sartén abollada, el arroz lavado (siete veces por lo menos);

el vino en sus copas,
tan transparente.

Gracias por el ventilador y su vacilante traqueteo
en la penumbra.

Por los cubiertos de plata y las servilletas de tela,
la luz que entraba por el balcón mientras me leías en voz alta
(por las fotos: por mirarme).

Pero,
sobre todo,
gracias
por tu compañía.




martes 29 de julio de 2008 • 09:30 Enlace permanente
En el metro

Nos despedimos en el torno.
En la escalera mecánica iba a volverme
para mirarte y entonces recordé
algo que habías contado días atrás:

«El hombre y la mujer se despidieron
y él pensó:
“Si le gusto, se dará la vuelta”»
Ella se había girado.

En la escalera mecánica el recuerdo me hizo reír
y también tuve miedo:
no me giré.




lunes 28 de julio de 2008 • 09:30 Enlace permanente

Si se quemaran algún día
todos los libros del mundo

—si se quemaran incluso
todos los sistemas informáticos y cualquier otro medio
electrónico o mecánico, incluyendo fotocopias,
grabación magnetofónica y cualquier otro sistema
de almacenamiento de información—

quedarían ellas:
las personas libro.

Su voz que nos respira,
su memoria amante.




domingo 27 de julio de 2008 • 21:38 Enlace permanente
Invitado: Walt Whitman

Desconocido, si al pasar junto a mí deseas hablarme, ¿por qué no has de hablarme?
¿Y por qué no he de hablarte?

de Hojas de hierba (gracias a Antonio Rodríguez)




viernes 25 de julio de 2008 • 09:30 Enlace permanente
Noche de verano

Como un gorrión que se ahoga,
sentada frente a la ventana abierta,
busco
y respiro
cada soplo mínimo de brisa.




jueves 24 de julio de 2008 • 09:30 Enlace permanente

Zigzagueo buscando la acera de la sombra
como un animal sediento,
enfebrecido.

Mediodía en la ciudad.




miércoles 23 de julio de 2008 • 09:30 Enlace permanente

Sacudo las camisas mojadas:
un movimiento seco
de las muñecas.
Las tiendo,
aliso las mangas.

Suspiro.




martes 22 de julio de 2008 • 09:30 Enlace permanente

La luna recorre el cielo
enmarcado por la ventana.

De izquierda a derecha.

Despacio.




lunes 21 de julio de 2008 • 09:30 Enlace permanente
Aspiración

Que pueda dejar de cometer los errores de siempre
y empiece a cometer otros
totalmente nuevos.




viernes 18 de julio de 2008 • 09:30 Enlace permanente

Silencio de domingo
por la tarde.

Hasta las palomas
hablan en susurros.




jueves 17 de julio de 2008 • 09:30 Enlace permanente

Tintinean
las cucharas colgadas del cuello
en el lavavajillas
como campanas
calientes.




miércoles 16 de julio de 2008 • 09:30 Enlace permanente

La noche se alarga en los sofás,
en palabras que de pronto
risas sorbos vasos que caen.

En el cielo de Madrid, sólo se ve a Júpiter.

Aquí abajo, sólo nosotros existimos.




martes 15 de julio de 2008 • 09:30 Enlace permanente

Desde la cocina
oigo a alguien quejarse en el patio.
Alguien enciende la radio,
oigo una canción tristísima.




lunes 14 de julio de 2008 • 09:30 Enlace permanente

Una pierde cosas de pronto:
el bolsillo del abrigo
tenía un agujero
y no lo sabía.

Una también encuentra cosas
–y cose el bolsillo–
para descubrir luego que no era de oro
aquello que brillaba tanto.

Una sigue caminando por senderos
que se ramifican
y en las ramas
encuentra pájaros
que cantan en lenguas desconocidas.

A esas alturas, claro,
una ya no lleva abrigo.

Porque no tiene frío,
porque no quiere guardar nada,
pero, sobre todo,
porque no quiere espantar a los pájaros.

Para Enrique Páez, por todas esas cosas
(publicado en Con sabor a sugus, varios autores)




viernes 11 de julio de 2008 • 09:30 Enlace permanente

Aún hay nieve en las montañas.

El río baja
rápido, ancho.

Los árboles de la orilla suspiran apenas
con el agua al cuello.




jueves 10 de julio de 2008 • 09:30 Enlace permanente

Todas las constelaciones caen sobre nosotros.
El cielo se ha abierto de nuevo
en un solo relámpago que no acaba nunca.




miércoles 9 de julio de 2008 • 09:30 Enlace permanente

Sacudo las sábanas limpias.
Dos o tres pequeños insectos caen y se esconden
apresuradamente
en la hierba.